Laila Ripoll, dramaturga y directora de escena

Biografía

Laila Ripoll nace y vive en Madrid. Es dramaturga y directora de escena. Estudia Interpretación en la RESAD, Interiorismo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y el curso de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. En 1991, Laila Ripoll funda la compañía Micomicón con la que ha dirigido más de veinte espectáculos. Desde esa fecha ha desarrollado un trabajo de investigación, recuperación y reelaboración de los textos del Siglo de Oro Español, con especial atención a Lope de Vega. Con Micomicón, Laila Ripoll, ha viajado por toda Iberoamérica. El contacto con esta realidad ha dejado una huella profunda en su teatro. Ha escrito cerca de 30 textos teatrales, algunos sola, otros en colaboración, entre los que cabe destacar ‘La ciudad sitiada’, ‘Atra Bilis’, ‘Los niños perdidos’, ‘Santa Perpetua’ o ‘El triángulo azul’, además de versiones y adaptaciones de textos clásicos y contemporáneos. También ha trabajado, dirigiendo y versionando, con Andrea D’Odorico al que echa de menos todos los días. Ha recibido, entre otros, los premios MAX, Ojo Crítico, José Luis Alonso, Artemad, Caja-España, el Premio Nacional de Literatura Dramática o el Homenaje de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos.

Escritura

«No sé lo que escribo, pero sí sé por qué escribo. Hay cosas que queman, que indignan, que duelen, que intrigan. Hay cosas que te hacen preguntarte muchas otras y también, no vamos a negarlo, cosas que te provocan unas ganas insoportables de partirle la cara a alguien. Desde muy niña he leído mucho, muchísimo, y muy variado. Sé que todas mis lecturas están ahí, asomando permanentemente entre lo que imagino. También asoman los clásicos del Siglo de Oro, con Lope y Quevedo a la cabeza. Amo las palabras, el idioma y procuro cuidarlo mucho. No entiendo la vida ni la escritura sin el humor, un humor muy particular, como todos, pero humor al fin y al cabo. También me apasiona el terror, lo sobrenatural, el misterio… En todos mis textos aparece un gato, un perro, un loco o un fantasma, y en ocasiones todo mezclado y revuelto, vaya usted a saber por qué. He tenido buenos maestros que me han enseñado mucho, pero sobre todo maestras, que me han servido de referente y me han hecho ver que era posible. Esa ha sido mi mayor suerte.» (Laila Ripoll).

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