Todavía alcancé a conocer a Maruja Mallo en sus últimos años. Había pintado mujeres como muñecas y el tiempo la había convertido en una muñeca vieja y parpadeante. Llevaba su flequillo rubio completamente postizo y un lazo infantil sobre sus ochenta o noventa años. Maruja Mallo no se maquillaba sino que pintaba una muñeca sobre su propio rostro y así salía a la calle. Iba vestida de niña antigua y todos los personajes de sus cuadros se habían reunido en ella convirtiéndola en la mujer/verbena, como aquellas que pintó por los años 20, cuando Ortega y Gasset decidió patrocinarla y publicó cosas suyas en la Revista de Occidente.

Maruja Mallo parece una hija natural de Ramón Gómez de la Serna y Tórtola Valencia. Parte de la acumulación y concluye en más acumulación. Se diría que quiere meter en un cuadro todo el Rastro, todas las verbenas y todo aquel madrileñismo entre surrealista y naïf que estuvo de actualidad por los años de entreguerras. Las acumulaciones de Maruja Mallo son fecundas en cuanto que partean otras acumulaciones y nunca se sabe si del vientre de un piano va a nacer una niña muerta o un caballito de la verbena en vivo. Todo muy esnob.

Maruja Mallo cree vivir en el orden más riguroso y no se entera de que ella sólo crea desorden, pero un desorden que tiene sus leyes, sus líneas, sus parámetros, y nos explica muy bien los bailes de barrio, las verbenas del Manzanares y los churros calientes con su humo. (…) Un cuadro múltiple de Maruja Mallo está siempre lleno de Marujas Mallo más pequeñas que corretean por la feria como niñas trasnochadas que también ponen mucho conflicto en la obra, pues estas niñas parecen salidas de la crónica de sucesos…

(…) Juguetes, rifas, molinillos, y la música de los caballitos, que ya no suena en parte alguna salvo en los cuadros de Maruja Mallo. (…) Es cierto que en Maruja Mallo hay sarcasmo y sátira del pueblo y de la aristocracia, con sus reyes gigantones, pero según las confesiones de Maruja Mallo que hemos reproducido, toda burla sobre una realidad brillante esconde admiración y distancia, perplejidad y optimismo.

Sólo nos burlamos de lo que nos deslumbra y Maruja Mallo, con Solana, Valdés Leal y el propio Goya, está buscando la manera de encontrar al pueblo en su momento tembloroso y vívido, cuando acaba de pasar el último tranvía.

Francisco Umbral

🎨LA VERBENA. 1928
Maruja Mallo


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