Escuela de interpretación en Madrid
RICARDO GÓMEZ

Yo, uno más entre tantos, también estuve allí. Yo, estuve en CUÉNTAME. Hoy, una declaración como esta concede más crédito personal que haber sido testigo presencial de la caída del Muro de Berlín. Se obran prodigios en las leyes de la metafísica: la fantasía acaba por resultar más verosímil que la propia realidad. Tuve la fortuna de participar en varios capítulos y compartir la casi totalidad de las horas al lado de Ricardo Gómez.

Yo amo a Ricardo que quieren que les diga. Y advierto a quien me escuche, que si se encuentran con ese ángel de corazón ancho, acabarán por enamorarse sin remedio.

Conocí a Ricardo hace seis años y encontré a un actor dispuesto a romper con la maldición de los antiguamente llamados «niños prodigios» que se precipitaban al vacío tan rápido como antes habían conquistado las estrellas. Un actor, tan joven como maduro; de mente sólida y mirada soñadora, eternamente comprometido con un oficio que ya intuía que era más grande que él mismo. Y mira que el niño es grande.

Ricardo, con Carlos Alcántara como persona interpuesta, representa el único símbolo verdadero de reconciliación nacional. Nos reconcilia con lo que fuimos, hemos llegado a ser y todo lo que nos pasó. Nos conecta con la médula patria de nuestras glorias y fracasos. Todas somos Carlos Alcántara. Si en la bandera nacional luciera el rostro de Ricardo/Carlitos algunos no nos sentiríamos tentados de sonarnos los mocos con ella y solo querríamos comernos a besos el trapo. Si la bandera además hablara y tuviera la voz de Carlos Hipólito… soñar es gratis.

Te quiero Ricardo Gómez. Te quiero Carlos Alcántara.

JUAN CODINA

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