SHOCK: LA ÉPICA DE LO HUMANO

Shock (El Cóndor y el Puma) es una obra de teatro que habla de nuestro presente. Las cosas no pasan porque sí, pasan porque hay personas que toman decisiones sobre la historia. Personas que deciden sobre la vida de otras personas. Shock hace un recorrido por los comienzos del neoliberalismo salvaje de los años cincuenta, y avanza hasta el expolio que hicieron los Estados Unidos a toda America Latina, apoyando y en algunos casos creando las grandes dictaduras de derechas, que sumieron al continente en una gran desigualdad social. Millones de desaparecidos, asesinados, exiliados, desplazados y torturados. Los humanos somos iguales o eso nos creemos, nos diferencia el capitalismo salvaje que  nos atraviesa y como un dragón enfurecido sobrevuela por encima de nuestras cabezas. El dragón nos está devorando poco a poco y solo cuando muramos abrasados nos daremos cuenta de lo que había encima. En el capitalismo hay codicia, hay avaricia, hay envidia, hay una mirada del éxito que poco tiene que ver con mirar a todo el mundo por igual. Hay ciudadanos de primera y sobre todo ciudadanos de segunda que sistemáticamente y a lo largo del tiempo y del espacio han sido masacrados para conseguir engordar al gran dragón capitalista. ¿Seguiremos mirando hacia otro lado?

Es muy difícil hacer buen teatro de todo esto, pero Andrés Lima lo ha vuelto a hacer, conseguir que lo imposible se lleve a escena. Horadar esta historia salvaje a pie de escenario. Una puesta en escena a la altura de la historia que cuenta. Esto nos duele, nos toca y eso se nota nada más entrar en el teatro. La implicación que hay con este espectáculo, late mano a mano, los actores y los técnicos palpitan juntos cada noche.  Hay una vibración litúrgica en todo el edifico teatral. No sales igual, no, este espectáculo te pone en el filo de la espada. Un escenario que gira como el mundo y que como el mundo nos hace girar y nos termina poniendo patas arriba. No es fácil permanecer en un teatro durante dos horas y media sin poder parar de recibir estímulos. La narrativa escénica viaja de un código a otro de manera que el cerebro no tiene tiempo para pensar, lo único que quiere es saber más, conocer la historia. La épica de lo humano se va desgranando en cada migaja hasta convertirse en polvo de estrellas, que es en definitiva en lo que nos convertiremos todos al final de este viaje. El escenario queda convertido en una gran herida abierta y cada risa, cada palabra, nos va sacudiendo con el látigo afilado de la historia. 

Todos y cada uno de los actores y actrices hacen interpretaciones que están a la altura de las circunstancias, su corazón se pone a contar el cuento, solo tiene que latir en esa dirección, no hay más, están tan presentes que asusta. Entran y salen en distintos personajes a la velocidad del rayo como los niños en el patio del colegio. Ernesto Alterio, Ramón Barea, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa y Juan Vinuesa juegan con la precisión de un orfebre. Pasan de convertirse en Richard Helms a Victor Jara, de Salvador Allende a Pinochet o de Hebe De Bonafini a Margaret Thatcher. No es fácil entrar y salir de esas máscaras sin pudor, sin juicio, sin temor, sin expectativa. La historia es suya y la escriben ellos cada noche sobre el escenario. 

La dramaturgia la firman Albert Boronat y Andrés Lima con textos suyos, pero también de Juan Cavestany y Juan Mayorga, es sencilla, propia del teatro documental bien hecho, no pone ni quita, cuenta lo que pasó y cómo pasó. La escenografía corre a cargo de Beatriz San Juan que crea un espacio escénico polifacético y al servicio del todo. Pedro Yagüe, mago de la luz, va generando las atmósferas precisas que van pintando los distintos momentos. 

Sí, esto es una declaración de amor a un espectáculo brillante, y a un equipo que se ha fundido para contarlo. Hay muchos crímenes a lo largo de la historia que se han cometido y ni por el forro los criminales han pagado por ello. La historia no les ha juzgado pero el teatro lo puede contar, y ahí caemos rendidos ¿Qué es lo que nos une como pueblo sino el relato de que lo fuimos? No hay nada más poderoso que la memoria, no hay tirano que frene al relato de lo que pasó. Saber lo que fuimos para que no vuelva a suceder. En este caso “La semilla de la conciencia” está en nosotros, en el público. Solo de esta forma más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pasará el hombre libre y Allende desde una estrella descansará tranquilo.

Por Vanessa Espín | 24 mayo 2019

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