QUE LA FUERZA OS ACOMPAÑE

A mis padawanes:

Si me dicen que me queda una hora de vida, no me lo pienso, acudo al primer vicario joven, guapo y de boca mediterránea que encuentre urgiéndole confesión. Aclaro que en ningún caso es el arrepentimiento el motor de mi deseo, y sí el arrebato que a cualquier dama del teatro ilumina si sabe que tiene la oportunidad de representar a lo grande su última función. Es obvio que en este microteatro fatal no tiene la verdad cabida, un poco ordinaria ante el decisivo paso. Solo la partitura de la mentira salva al actor del vacío. No pierdo pues, la oportunidad que el arte del monólogo ofrece e invento una vida abyecta, llena de pecados y aflicción. Dificilísima de perdonar. Confío en que mi bello confesor, a pesar de no recibir la separata de su réplica final, es lo suficientemente previsible para preguntar con horror: “Hijo, ¿te arrepientes de tan espantosos pecados?” Y yo contestar: “Pues… no Padre, pero sea caritativo y béseme antes de morir. Piense que el último suspiro solo merece el deleite” Conmovido, el Príncipe de la Iglesia abre las puertas del Evangelio que de su boca sale, y besa a la melancólica rana que siempre fui. Entonces, sí, en el instante del beso concentro toda mi vida… incompleta… que se va. Y en el centro del beso, como una corola que sabrosa se abre para que las abejas liben, se revela el sueño que a la hora de la muerte, más orgulloso se vuelve.

Hace doce años inaugurábamos un espacio comprometido en la formación de actrices y actores, aunque lo más emocionante ha sido asistir a su desarrollo personal: como hombres y mujeres. Hoy comienza un nuevo año. Nada me hace sentir tan vivo como saberme el comandante de un ejército de padawanes.

QUE LA FUERZA OS ACOMPAÑE Y FELIZ AÑO NUEVO, INCAUTOS 

Por Juan Codina  | 1 octubre 2019

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