PAUL B. PRECIADO O EL TIEMPO QUE AÚN NO HA SUCEDIDO

Creo recordar que la primera vez que escuché el nombre de Paul B. Preciado fue en un espectáculo de El Conde de Torrefiel en el CDN. Supongo que al salir del teatro busqué su nombre en internet y en algún momento, pasado el tiempo, terminé leyendo alguno de sus textos en la red. Aunque no podría recordar ahora mismo qué fue exactamente lo que leí en aquel primer contacto. Lo que no he olvidado es la sensación como de estar en casa, fue algo parecido a llegar al hogar lo que aquellas palabras me produjeron. De algún modo, su universo no era del todo nuevo ni desconocido para mí pero la manera en la que lo exponía fue algo que me pareció completamente revelador. Si la calculadora no me falla han pasado cinco años de aquello.

El filósofo y comisario de arte burgalés presentaba la semana pasada en la librería La Central de Callao su último libro Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce  (Anagrama, 2019) en el que reúne más de setenta artículos escritos para el diario francés Libération entre 2013 y 2018. En ellos relata su proceso de transformación de Beatriz en Paul B., donde las hormonas y el cambio de nombre legal son tan importantes como la escritura. Esta no es solo la crónica de una transición de género, sino también la de una transición planetaria: Preciado analiza otros procesos de mutación política, cultural y sexual, abordando temas diversos, como el procés catalán, el zapatismo en México, la crisis griega, la América de Trump, las nuevas formas de violencia masculina, la apropiación tecnológica del útero, la figura de Assange, el trabajo sexual, el acoso a niños trans o el papel de los museos como motores de una revolución cultural posible.

Media hora antes de que comenzara el acto en la última planta de la librería ya no cabía ni un alfiler, la expectación y el ambiente –casi festivo– eran incontenibles. No era para menos, el protagonista hace más de una década que no vive en España y no es muy normal poder disfrutar de su presencia por estos lares. El espacio era demasiado pequeño para acoger a todes les que queríamos oír y ver en directo a una de las mentes más poliédricas y brillantes que ha dado nuestro país en mucho tiempo, el mismo que si tiene que definirse lo hace así: No soy un hombre. No soy una mujer. No soy heterosexual. No soy homosexual. Soy un disidente del sistema sexo-género. Soy la multiplicidad del cosmos encerrada en un régimen epistemológico y político binario, gritando delante de ustedes. Soy un uranista en los confines del capitalismo tecnocientífico.

Escuchar a Preciado te transporta a otro lugar, a otro tiempo, a una realidad que no existe. Una utopía a la que constantemente nos empuja e invita a conquistar. Cada palabra que sale de su boca lo hace para articular un discurso de ataque contra todo lo establecido, contra todos los patrones que conocemos y que hemos asumido como la norma y lo normal de nuestra sociedad. Afronta una lucha personal contra cualquier tipo de etiqueta, te anima a deshacerte de la que sea que te apliques a ti mismo, a dejar de hacerlo cuanto antes. Sostiene que cualquier identidad en la que nos reconozcamos terminará por convertirse en la peor de nuestras jaulas. 

Supongo que para los gobiernos y los poderes establecidos el pensamiento cósmico y extraterrestre que proyecta Paul B. Preciado, lo convierte en lo más parecido a un terrorista al que vigilar de cerca. Para mí escuchar sus teorías y sus infinitas y revolucionarias propuestas para cambiar la estructura global del planeta me hace conectar con la esperanza y la posibilidad –quién sabe– de que las sociedades del futuro sean capaces de aplicarlas e incluirlas en el funcionamiento de sus estructuras.

Cualquiera de los cinco libros que ha publicado hasta el momento constituyen una poderosa arma contra cualquier intento de colonización de las almas y cuerpos por parte del sistema. Toda su obra es filosofía, claro está, pero también literatura, y por supuesto lucha queer. Preciado es un pensador autocobaya, piensa con y a través de su propio cuerpo. Una luz radical, bella y provocadora que se anticipa de tal modo, que quizá aún sea preciso aguardar a tiempos venideros para que su deslumbrante discurso sea entendido en toda su dimensión. Y como bien dice Virgine Despentes en el prólogo de Un apartamento en Urano:  

Los niños nacidos después del año 2000 leerán tus textos, entenderán lo que propones y te amarán. Desde tu pensamiento, desde tu horizonte, desde tus espacios. Escribes para un tiempo que aún no ha sucedido. Escribes para los niños que aún no han nacido y que vivirán, como tú, en esta transición constante, que es lo propio de la vida. 

Por Chechu Zeta | 16 octubre 2019

 

 

 

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