VERÓNICA RONDA. LA ACTRIZ TOTAL

El viernes pasado nos fuimos a El Pavón Teatro Kamikaze a echar un rato de charla con Verónica Ronda, que justo ese día cumplía años, para que nos contara qué tal eso de formar parte del último montaje que ha dirigido Miguel del Arco, RICARDO III y hablar un poco de la profesión y sus caminos. 

En estos momentos en que las fake news parecen tener más peso en nuestras vidas que las real news, Miguel del Arco y Antonio Rojano firman una versión brillante y tremendamente actual del Ricardo III de Shakespeare -escrita en 1592- y transportan la sociedad inglesa de entonces a la España política y social de nuestros días.  Y nos muestran a toda esta caterva de reyes, jueces, ministros y un largo etcétera de autoridades y ladillas juntos, revueltos y bien podridos. 

Sobrepasa lo esperpéntico, es una locura, el hedor que sale de las instituciones es insoportable, ¿no, Verónica?

Es lamentable que en quinientos años que han pasado resulta que la historia sigue siendo la misma y las traiciones por subir y alcanzar el poder siguen siendo las mismas. Miras hacía atrás en la historia y te das cuenta de que se repite constantemente y te dices: qué pena, qué perdidos estamos. Y sí, Antonio y Miguel   hacen una versión muy bien traída a la realidad actual, en la que nos cuentan que en pleno s. XXI seguimos siendo partícipes de toda esta parafernalia y por qué seguimos estando en manos de todos estos mamarrachos. De alguna manera es el monstruito que ha creado Israel Elejalde, esa especie de bicho que podría ser Trump o Bolsonaro. Un ser caricaturesco, cómico, vergonzoso. ¿Por qué llegan al poder? ¿Por qué somos manipulados por estas cabezas que son extremadamente malignas y perversas?

Hay una frase de Ricardo que dice: Todos me amáis, porque todos amáis lo que soy porque yo soy el poder. Esto resume muy bien de lo que va esta obra de Shakespeare, Ricardo III. Todos quieren mantenerse en el poder. 

Vemos cómo Ricardo está completamente podrido, pero es que todos y cada uno de los que le rodean están igualmente podridos. 

Claro, gente que se ha agarrado a la corte y no están dispuestos a bajar de estatus, y eso sucede y lo estamos viendo. Y da igual en qué lugar del mundo estemos. Es muy patético y nos sentimos como títeres, el mundo gira en torno a estos monstruos que tenemos en el poder. 

El otro día después de la función hubo un coloquio y alguien decía que Ricardo nos gusta porque en él no hay duda. Hace el mal y lo tiene claro desde el principio. El resto de personajes duda en si acceder o no a esa compraventa. Él no, y eso es importante para el que vota, y lo que la gente recibe de su discurso, por encima de cualquier otra cosa, es que lo tiene claro y lo va llevar a cabo. 

Es una maravilla poder ver el trabajo que hacéis cada uno de los que formáis parte del elenco de este espectáculo.

He empezado a llamar a la función Ricardo Crossfit III porque no os podéis imaginar las carreras que hay ahí detrás. Cuando estamos en los camerinos antes de empezar nos decimos: madre, la que nos queda. Realmente descansamos cuando estamos en el escenario. Cuando desapareces de él empieza la guerra. Súbete una planta, cámbiate entero de ropa, baja… y todo esto en cuestión de muy pocos minutos. Todos doblamos personajes, solo somos siete actores y tenemos que resolver treinta papeles. Como actor es muy divertido, ya que no dejas de estar generando un juego, es muy loco pero genial poder hacerlo. Y el espectador forma parte de ese juego porque asume con normalidad que la que antes era una duquesa se da la vuelta y ahora es un obispo. 

O una niña…

Eso es muy divertido y fue una macarrada. Antes de empezar los ensayos me escribe un mensaje Miguel que dice: Por cierto ¿sabes que eres la Duquesa pero también eres la niña? Y yo: ¡Sí, claro, claro! Y luego cuando leí la escena me di cuenta de que se dan la réplica y me dije: ¿pero esto qué es? Entonces cuando empiezan los ensayos nos cuenta que va a haber dos títeres con los que haremos los niños. No te puedes imaginar cómo fue el primer día que lo ensayamos. 

Miguel es un tipo muy disciplinado en el trabajo. Él pide, sobre todo, que el texto esté muy bien aprendido, muy asegurado. Y eso es estupendo porque tú sientes que tienes una red de seguridad, entramos todos a trabajar, a él no le hace perder el tiempo y eso al final permite que cosas técnicas tan complicadas de montar se puedan resolver. Si llevas muy agarrada la propuesta entras directamente al juego.

Recuerdo que el primer día que cogimos el títere nos dijo: bueno, vamos a pasar este momento cuanto antes… para que nos pudiéramos reír y de alguna forma entrar a hacer eso, porque es muy loco pasar desde la duquesa que esta llorando como una Magdalena a tener que ponerle voz a la niña. Bienvenidos al show de Maricarmen y sus muñecos. Pero hay algo ahí de bipolaridad actoral muy fantástica de la que yo estoy aprendiendo un montón. Es mágico. Es un ejercicio de atención brutal que te obliga a estar ahí poniendo todo lo que tienes y que la niña finalmente tenga vida.  

Ahora que hablamos de Maricarmen y el control de la voz ¿quién aparece antes, tu cantante o tu actriz?

Pues mira en mi casa mis padres siempre se dedicaron al canto lírico. Mi hermana y yo los acompañábamos a las funciones cuando tenían bolo. El teatro y la música siempre han estado muy presentes en mi casa. Mi abuelo, el padre de mi padre, era director tenía una compañía en Cuenca, con la que se vino a Madrid, de la que por cierto salieron Tip y Coll. Y por otro lado mi abuelo materno era un jazzero bestial, llegabas a su casa y sonaban Nat King Cole, Sinatra, Sarah Vaughan… Así que no sabría decirte, porque se han ido fusionando a la par, aunque es verdad que la música ha estado presente desde que éramos muy pequeñas.  

Con dieciocho años,  que ya llevaba un tiempo de gira trabajando con mis padres en las zarzuelas, durante una comida les dije que quería estudiar Arte Dramático, y mi padre, comiéndose un filete me dijo: te vas a pagar tú la carrera para que sepas lo que es morirse de hambre el día de mañana. Y yo: ¿what?. Luego evidentemente me echaron una mano, pero de algún modo lo que me quería dar a entender era que la que se me venía encima era gorda si me quería dedicar a esto del arte. Y bueno… aquí estamos. Al acabar Arte Dramático volvió a picarme la curiosidad, a la vez estaba estudiando ortofonía y de repente me fui a Barcelona a estudiar teatro musical, hice el recorrido profesional de danza… Y comencé a hacer una investigación físico-vocal, o sea, que todo ha ido fluyendo y retroalimentándose.

Cantante, actriz, y no podemos dejar de hablar de la pedagogía, de la Verónica profesora. Son ya algunos años enseñando a los demás todo lo que sabes acerca de la voz. 

Al principio no pensé que fuera a deberle tanto a la pedagogía. Y de alguna manera me dedico a esto gracias a mi maestro Alfonso Romera y a Ricardo Vicente, que me invitó a que fuera a su escuela, en Barcelona, a dar clases como profesora de voz con veinticuatro años. Yo no confiaba nada en mí, a pesar de llevar muchísimos años estudiando canto y voz, pero creía que aún no tenía las herramientas suficientes para poder enseñar a nadie. Pero miro atrás y ahora pienso que qué bueno que Ricardo me abriera aquella puerta y casi me obligara, porque a través de la pedagogía me he conocido más a mí misma. He conocido mucho más sobre lo que es la investigación vocal y la relación que hay entre la voz, las emociones y el cuerpo. Poder ayudar a otras personas a transformar. Ver cómo otros descubren cómo son a través de su sonido es maravilloso. La pedagogía es el mejor regalo que me ha dado la vida y al final se ha convertido en uno de mis patrones; aunque esté hasta arriba de trabajo en el teatro con giras me obligo a seguir con las clases. Me gusta relacionarme con el alumno, necesito seguir encontrando cosas y de alguna u otra manera seguir creando.

Nosotros estamos encantados de que uno de esos lugares donde das clases sea nuestro Estudio y que formes parte del equipo de profesores.  

Es genial, yo me siento como en mi casa. Es un hogar donde puedes desarrollar tu trabajo, ponerlo en contacto con otros profesores, que los alumnos puedan vincularlo a sus otras clases y hacer un seguimiento. 

¿Qué le dirías a todos esos jóvenes a cerca de la profesión?

Que hay que luchar, que si uno tiene las ganas hay que ir a por todas. Cuando eres joven y te cierran una puerta eso te provoca mucha angustia, pero que tengan en cuenta que esta es una profesión que se va cuajando poco a poco, lentamente, es como hacer una tortilla bien, la primera vez no sale. Hay que ir preparando los ingredientes adecuadamente, sin prisas. 

Al estar en contacto con tanta gente joven te das cuenta de la ansiedad que tienen, que está provocada por el tipo de sociedad en la que estamos viviendo, donde consumimos de manera muy veloz y necesitamos los resultados ya. Ahora con la tecnología todo lo tenemos a un golpe de clic y claro, la tecnología nos ha traído cosas muy buenas, pero a la vez nos está generando un ansia que no es sana. La voz es un instrumento y como tal hay que entrenarla. Un actor tiene que entrenar, luchar y ser constante. Y decirse a uno mismo que sí hay sitio para los sueños, y que tenemos que forjarlos. 

Te veo en un momento dulce… 

Pues sí, estoy súper feliz. Trabajar con Miguel era un sueño, nunca pensé que me fuera a llamar y de repente mira, este es mi segundo montaje con él después de Ilusiones. Me encuentro ahora mismo en un lugar donde quiero estar, donde estoy a gusto. Contenta de compartir escenario con gente como Israel, que lleva tantos años en la profesión. Estoy muy agradecida, mi vida laboral se ha ido colocando en un sitio donde me gusta estar y rodeada de compañeros con una generosidad extrema. Al lado de Miguel que es un ser de luz.

Corran al teatro a ver a La Ronda en acción, actriz total donde las haya. Es una fortuna poder disfrutar en directo del talento que derrocha este torbellino de mujer.

¡No se la pierdan! 

Ricardo III en el Pavón Kamikaze hasta el 17 de noviembre

Por Chechu Zeta | 29 octubre 2019

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