CAROLINA DE LA MAZA Y MARCO LAYERA TEATRO LA RE-SENTIDA

El año pasado la compañía chilena La Re-sentida inauguraba el Festival de Otoño con Tratando de hacer una obra que cambie el mundo en la que contaban la historia de un grupo de actores que lleva años encerrado en un sótano ajeno a la realidad, obsesionado con crear una función que cambie la sociedad. El pasado domingo terminaba la edición del Festival de Otoño de este 2019 y los re-sentidos chilenos han vuelto a formar parte de su programación. En esta ocasión con Paisajes para no colorear, un impactante espectáculo protagonizado por nueve adolescentes de entre 13 y 17 años, que tiene como detonante los incontables actos atroces de violencia cometidos contra adolescentes de sexo femenino en Chile y en el resto de Latinoamérica. 

Ayer comenzaba en Madrid la Cumbre Mundial del Clima COP25 organizada deprisa, corriendo y casi de manera improvisada por nuestro país en un tiempo récord después de que el presidente de Chile, el empresario conservador Sebastián Piñera, admitiera hace un mes que la violencia en las calles hacía imposible la organización del encuentro. Todo estalló por el aumento de la tarifa del metro de la capital del país pero aquello no era más que la punta del iceberg del profundo sentimiento de frustración una parte grande de la población que se siente al margen del desarrollo del país en los últimos 30 años. La mayor crisis social y política que haya enfrentado el gobierno de Chile desde el retorno a la democracia en 1990.

Hemos tenido la oportunidad de hablar en estos días con Marco Layera y Carolina de la Maza, director y dramaturga de la compañía de teatro chilena y la primera primera pregunta era obligada.

Cuál es la situación ahora mismo en Chile? 

La gente se está movilizando. Está muy complejo todo, no sabemos para dónde va, sigue la represión policial. Pareciera que el gobierno ya no sabe qué hacer. Lo que más nos preocupa son las violaciones a los derechos humanos que estamos viviendo. Es uno de los momentos más oscuros de nuestro país, frente a eso estamos todos movilizados y hay que estar en las calles. Esto es un hecho histórico, único, de reivindicaciones de derechos, de justicias. Estamos viviendo un momento de experimento del sistema neoliberal. Estamos viviendo muchas injusticias, muchas desigualdades. Esto se veía venir, así que ahora hay que estar en la calle haciendo comunidad. Es muy bonito lo que está pasando, por primera vez hay un proyecto colectivo, nos olvidamos de individualidades y en cada esquina se conversa, se discute, se está fraguando una nueva forma de hacer comunidad. Eso es superbello pero muy triste, porque tenemos una clase política absolutamente indolente. En los últimos días ha habido protestas muy fuertes con actos violentos importantes, con saqueos. La sociedad se está polarizando nuevamente. Ojalá que la clase política escuche al movimiento social y podamos construir un nuevo Chile, no solo desde los partidos sino desde las bases sociales. Que el pueblo tome las riendas para construir su destino. Todos los viernes hay marchas y hay una parte del centro de Santiago que está tomado por las movilizaciones y una represión policial brutal.

Cómo nace la Re-sentida? 

Nace hace once años. Después de egresar de la escuela convoqué a algunos compañeros y compañeras con los que había trabajado y nos juntamos a hacer un trabajo generacional que hablara de por qué nos sentíamos resentidos, heridos, como ciudadanos. Lo que teníamos era mucha rabia y mucho dolor. Nos tocó vivir una transición a la democracia, una democracia pactada. Entonces nos sentíamos muy traicionados por aquellos que recuperaron la democracia y que nos prometieron aquel lema: la alegría ya viene, pero nos dimos cuenta de que la alegría nunca llegó. Nos sentimos heridos con el orden de las cosas, con nuestra historia. Heridas que no sanan. 

Re-sentir también significa volver a sentir desde la distancia y más profundamente. Desde esa perspectiva nosotros nos sentíamos como generación muy traicionados, nos dijeron que íbamos a recuperar la democracia y encontrar un país justo e igualitario, y lo que vivimos fue la admistración del sistema dejado por Pinochet. No nos dimos cuenta de que la izquierda lo que hizo fue acomodarse en sus asientos y renunciar a todo su legado ideológico, y de alguna manera todo aquello ha terminado en esta explosión social. Con esto termina, de alguna u otra manera, la transición a la democracia. 

Nosotros encontramos la manera de hacer un teatro que hablara de nuestras contradicciones, de nuestras heridas. De revelar escénicamente las contradicciones de nuestra sociedad y siempre como un instrumento de crítica, de reflexión. Y también como un espacio para interpelar políticamente al espectador y a nosotros mismos, ya que no creemos que el artista sea un héroe, porque igualmente vivimos contradicciones y ponemos en tela de juicio lo que creemos y lo que no, la utilidad del teatro, siempre estamos reflexionando en torno al teatro. ¿Para qué?, ¿por qué? 

Para nosotros hoy en día es absurdo meternos en nuestra sala de ensayo a trabajar estando como está la calle, es imposible estar encerrados haciendo teatro así, el teatro es inoficioso en estos momentos. Hemos decidido, como compañía, que no podemos estar en nuestra sala jugando a hacer la revolución, a hacer teatro, cuando lo realmente importante está pasando fuera. Hemos tomado la decisión de no ensayar y de abrir el espacio que tenemos para colectivizar saberes, para articular acciones y para hacer comunidad de otra manera. Estar en la calle es lo más importante para nosotros ahora, es lo más efectivo, ya llegará el tiempo para volver a ensayar y hacer teatro.

Es complicado, las imágenes son muy fuertes, metaforizar sobre eso es complejo. Se viene un gran trabajo por delante. 

Cuál es la situación de la mujer en Chile hoy? 

Uy, a mí eso no me gustaría responderlo, yo siento que una mujer debería hablarte de eso. No me atrevería a responder, acá al lado está mi pareja (Carolina de la Maza) que también fue parte importante de este proyecto, se encargó de la dramaturgia y creo que es mejor que ella responda a esa pregunta. Espera un segundo, normalmente repartimos el cuidado de nuestro hijo, ella viene y yo me ocupo de él. 

Y así hicimos, Marco dejó el teléfono para pintar con su hijo y al otro lado del auricular sonó la voz de Carolina

Con el despertar de esta nueva ola de feminismo creo que hay mucha más conciencia de la desigualdad de derechos.  Sin embargo, hay un sector de la sociedad, incluidas mujeres, que está muy en contra del feminismo, no lo comprenden no lo entienden, no se sienten identificadas con la lucha feminista. Está muy estigmatizado, hay mucha ignorancia al respecto.

Mientras estuvimos creando la obra, durante un año organizamos talleres gratuitos para chicas adolescentes y les hacíamos una batería de preguntas. Entre ellas estaba si habían sentido violencia de género, si habían sido víctimas de violencia de género. Siempre contestaban que no, y eso nos llamaba mucho la atención. Pareciera que por el hecho de poder votar o estudiar ya estuviera todo en orden. Luego fuimos advirtiendo que las propias chicas nos contaban que con uniforme eran acosadas en las calles, les contábamos que aquello era violencia de género y ahí empezaban a tomar conciencia, pero en un principio no lo registraban como tal, les costaba ver que su opinión era validada. El propio sistema de salud, solo por ser mujer y estar en edad de parir, es mucho más caro que para los hombres. Tienes problemas para ser contratada si estás en edad de quedar embarazada, siempre te van te discriminar. 

Chile es muy grande y muy variado. Todo depende de dónde te encuentres, de en qué lugar del país estés situado. En cuanto te alejas de las burbujas que son, por ejemplo, el centro o vivir en Santiago y sales al mundo rural, el pensamiento o la cultura es diferente. Yo creo que hay poca conciencia y diría que toda esta ola feminista es una minoría. 

Hace un mes fuimos a hacer unos talleres con niñas adolescentes en una población de clase muy baja en Santiago, y cuando tocábamos el tema del aborto era muy duro ver que existe el mismo discurso que tiene la gente conservadora y de derechas. Las niñas en contra del aborto. El machismo era una cosa efervescente. Nosotros, cuando hacemos los talleres, tratamos de no censurar porque así también aparece la realidad, pero yo también me cuestionaba aquello de cómo no les vamos a decir nada, cómo no corregir algo. En improvisaciones los chicos improvisaban con las chicas como si fueran objetos, repitiendo patrones de conducta altamente machistas. Hay sectores muy grandes de la sociedad chilena en los colegios donde se sataniza el feminismo o ni siquiera se habla de ello. 

La energía que desprenden estas nueve niñas y adolescentes, de entre 9 y 13 años, su irreverencia, su seguridad o la descorozonadora fragilidad que pueden llegar a poner encima del escenario. Evidentemente, percibimos el juego y el ejercicio dramático, pero por el nivel de implicación de algunas de las situaciones pareciera que están contando sus historias reales. ¿Todas ellas son actrices? ¿Habían trabajado anteriormente? 

De las nueve solo dos tenían experiencia previa, una había hecho cine y televisión desde muy pequeña y la otra había estado desde siempre muy vinculada a talleres de teatro en su colegio. Pero del resto ninguna de ellas. En la convocatoria que hicimos dejamos claro que no se necesitaba experiencia previa y que tenían que mostrar algo que les gustara hacer, y fue muy bello y libre porque hubo niñas que mostraron sus dibujos y no necesariamente actuaron, cantaron o bailaron. 

En las audiciones seleccionamos a 25 chicas con las que nos encerramos un mes intensivo a ensayar, de donde fueron saliendo muchos de los testimonios, y les hicimos investigar en casos de menores de edad que fueron asesinadas en Chile y Argentina. Y finalmente después de un mes seleccionamos a 9. Tomamos testimonios de chicas que no son el elenco, pero que las seleccionadas fueron testigo de cuando sus protagonistas lo relataron, y estas lo recogen y se empoderan. También dos de ellas colaboraron en la dramaturgia.

El monólogo del padre nació de la improvisación que hicimos a partir de la historia que nos contó una chica que no está en el elenco. Es un compendio de las cosas que todas fueron diciendo al enfrentar a su padre y lo que no les gustaba de él. Cosas que yo le diría también a mi padre. 

¿Cómo habeis conseguido que resulten como actrices profesionales? 

La chica que había hecho teatro sirvió de estímulo y ejemplo al resto, es una persona muy humilde y las demás la admiraban mucho. Al trabajar con testimonios son conscientes de que esa realidad es la que tienen que llevar al escenario. Nunca antes habíamos trabajado grabando los ensayos y fue un gran hallazgo. Claro, cuando salía una buena improvisación quedaba registrada, y después trabajábamos cada coma o cada respiración. Y a la vez nos servía a nosotros para tener apoyo y que pudieran entender cómo repetir y desarrollarlo. Y por supuesto el talento que tienen para esto. Nosotros también hemos trabajado con gente en otros talleres que sí han recibido formación para interpretar, y al final resulta que están encorsetados en unos códigos que no funcionan. Ha sido muy bonito encontrar en ellas esta manera de hacer y de actuar. 

¿Cómo es la recepción fuera de Chile, me gustaría saber si notáis grandes diferencias en la reacción del público en otros países?

En general las reacciones son muy parecidas, hemos mostrado la obra en Chile y Brasil y la gente siempre empatiza, siempre recibe muy bien el espectáculo, el público suele emocionarse y llorar. Aunque ahora en la última función que tuvimos en Madrid nos ocurrió algo que nunca nos había ocurrido, una señora desde el público empezó a gritarle a las niñas que eran unas histéricas, y al final de la función casi tuvo que salir huyendo del teatro entre los aplausos de los espectadores a las actrices. Las chicas reaccionaron y comenzaron a lanzarle el discurso final a ella, que no se callaba. Fue violento pero a la vez fue bonito ver cómo las chicas no se debilitaron.

Es muy bonito también ver a muchos hombres llorar, que empaticen. Es más normal que las mujeres, al recordar alguna situación de las que ocurren en escena, se emocionen. 

El caso de Liseth Villa…

Ese fue un caso pero son muchos más, en diez años murieron 1313 niñas y niños violados o maltratados en centros donde debían ser protegidos y cuidados por el estado. Nadie hizo nada, nadie sabía nada. Un desastre. 

¿Qué diferencias hay entre esta nueva generación y la nuestra? 

El nivel de información al que pueden acceder los jóvenes hoy en día es muy diferente. El otro día una de ellas, que tiene trece años, me decía: Estuve ayer toda la tarde viendo el debate sobre el aborto en Argentina. Yo a los trece años no estaba pensando en eso, no estaba interesada en ver un debate, estaba jugando en la plaza de mi pueblo, era mucho más ingenua. Las nuevas tecnologías y las redes sociales tienen inconvenientes, claro, es una generación que publica continuamente su vida, se exponen mucho, pero tienen un acceso a la información muy grande que les permite estar superinformadas y empoderadas. Algunas de ellas te dan cátedra respecto al género o la sexualidad, y por mucho que sus padres en casa les digan que esto o aquello esta mal, a través del teléfono pueden acceder a conocer testimonios de otras personas y decir: no, esto es normal, esto se llama así, a mí me pasa esto, esto esta bien. Y cuando llega el momento de dialogar con sus padres son capaces de explicarles lo que a ellas les esta pasando.

¿Para qué hacéis teatro?

Porque estoy disconforme con la sociedad en la que vivo y porque siento que en el teatro puedo armar una pequeña comunidad en la que vivir como a mí me gustaría que funcionara el mundo. En esta compañía encontré un espacio donde puedo relacionarme con personas de igual a igual, donde no existe desigualdad de género, donde todas las opiniones son validadas, crear en colectivo, un espacio desde donde dar la batalla y decir lo que opinamos. Este último espectáculo es el proyecto más emocionante en el que he estado, con el que más agradecida me siento con el teatro, porque siento que significó un cambio en las chicas, en mí, en sus padres. Eso ha sido muy importante. El espacio que encontraron las chicas en los talleres para dialogar con personas adultas y constatar que sus opiniones son importantes. Este espectáculo me modificó profundamente.

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