Los alumnos Lgtbiq+ de Contra lo normal

CONTRA LO NORMAL

La homosexualidad es un francotirador silencioso que pone una bala en el corazón de los niños que juegan en los patios, sin importarles si son niños de pijos o de progres, de agnósticos o de católicos integristas, no le falla la puntería ni en los colegios de zonas altas ni en los de las zonas de educación prioritaria. Tira con la misma pericia en las calles de Chicago que en los pueblos de Italia o en las barriadas de Johannesburgo. La homosexualidad es un francotirador ciego como el amor, generoso como la risa, tolerante y cariñoso como un perro. Cuando se cansa de disparar a los niños, tira una ráfaga de balas perdidas que van a alojarse en los corazones de una campesina, de un conductor de taxi, de un paseante de parques… La última bala alcanzó a una mujer de ochenta años mientras dormía.

La transexualidad es un francotirador silencioso que dispara directo al corazón de los niños que se miran al espejo, o aquellos que cuentan los pasos mientras caminan. No sabe si nacieron de una PMA (Procreación Médicamente Asistida) o de un matrimonio romano. No le importa si vienen de familias monoparentales o si papá vestía de azul y mamá de rosa. Ni el frío de Sochi ni el calor de Cartagena de Indias le hacen temblar. Abre fuego por igual en Israel que en Palestina. La transexualidad es un francotirador ciego como la risa, generoso como el amor, cariñoso y tolerante como una perra. De cuando en cuando dispara sobre un profesor de provincias o sobre una madre de familia, et boom. 

Para los que tienen la valentía de mirar la herida de frente, la bala se convierte en una llave maestra que abre una puerta hacia un mundo que nunca antes habían visto. Caen todos los velos, la matriz se descompone. Pero algunos de los que llevan una bala en el pecho deciden vivir como si no la llevaran dentro. Hay quien ha muerto por llevar la bala.

Otros compensan el peso de la bala con grandes gestos de donjuanes o de princesas. Hay médicos e iglesias que prometen extirpar la bala. Dicen que en Ecuador cada día abre una nueva clínica evangelista para reeducar homosexuales y transexuales. Los rayos de la fe se confunden con descargas de electricidad. Pero nadie ha logrado nunca extirpar una bala. Se puede enterrar más profunda en el pecho, pero no extirpar. Tu bala es como tu ángel de la guarda, siempre estará contigo.

Extracto de ‘Un apartamento en Urano’. Paul B. Preciado

En julio pasado el Museo Reina Sofía se sumaba a la celebración de la Semana del Orgullo LGTBIQ+ de este 2019 que termina, y lo hacía a través de HABLAMOS POR NUESTRA DIFERENCIA, un programa heterogéneo e interdisciplinar que recorría las huellas de experiencias sistemáticamente expulsadas de la memoria colectiva. Se centraba en procesos vitales y artísticos que nacieron desde la represión y la exclusión, desde afectos e intensidades muy diversas que tenían la necesidad de pronunciarse a partir de la diferencia, esa que se rebela ante la violencia de los procesos de normalización y homogeneización.

La programación se abría con EL BESO EN LA SOMBRA, una pieza inconclusa de teatro testimonial dirigida por Luis Luque y generada por el material que recogió junto al actor y director Manuel Campos en los talleres realizados en colaboración con la Fundación 26 de Diciembre, donde algunos de sus miembros, personas del colectivo LGTBIQ+ construían a través de la autoficción un mapa emocional de la oscura España que les tocó vivir durante el régimen franquista. 

La memoria como juego escénico plantea situaciones realmente poderosas. Conecta, transforma y está por encima, incluso de nosotros mismos. Lo que ocurrió aquella tarde en el Reina Sofía debió ser muy potente. Yo no pude asistir, me quede con las ganas, pero sé de buena tinta que así fue. A Natalia Alvarez Simó, la anterior directora de los Teatros del Canal también debió parecérselo ya que le propuso a Luis crear unos talleres en el Centro de Danza Canal con los que seguir investigando en esa linea y con personas mayores del colectivo LGTBIQ+ para poder desarrollar y profundizar con más detenimiento. Y así nació CONTRA LO NORMAL. En esta nueva etapa del trabajo Luque junto a Manuel decidió incluir un nuevo elemento en el que apoyarse para abordar las sesiones: la rebeldía. Querían ponerla en valor frente a esa limitada idea que tenemos al colocarla casi como un estado propio y exclusivo de la juventud. 

Esta vez no quería que se me escapara, en cuanto supe que Luis estaba embarcado de nuevo en lo que parecía algo así como una segunda vida de aquel beso en la sombra le pedí que nos dejase asistir un día a alguno de esos encuentros que se han venido dando los sábados de noviembre. Nos abrieron las puertas de la sala de ensayo con una generosidad y entrega desbordantes, fue realmente bello.

 ¿Cómo se desarrollan los afectos cuando la sociedad te somete a una moral que te obliga a ocultar lo que eres y lo que sientes? incluía Luis como parte del programa de la pieza original en julio y el otro día en contra de lo que nos pudiera parecer me decía que después de haber estado en contacto con sus testimonios destacaría un tránsito, claro que ha habido en muchos casos dolor pero también muchos de ellos han conseguido tener una vida luminosa y con libertad en lo sexual y afectivo. No se han quedado atrapados en lo violento del sistema para los que no cumplen con lo establecido. No he respirado frustración en ninguno de ellos. Se puede vivir en la luz, ser único y diverso.

Me gustaría terminar con lo que fue el comienzo de la sesión y lo que Luis les dijo a todos los participantes de esta experiencia:

La lectura que podemos hacer de este taller CONTRA LO NORMAL o mejor, las lecturas que se pueden hacer son múltiples. A nivel personal hemos activado una zona que no solamente tiene que ver con la reivindicación de nuestra anormalidad sino que además la hemos poblado con flores, y la hemos alimentado con movimiento, con música, con poética, dignidad y testimonio. Todo originado desde un lugar muy honesto. 

Me voy más rebelde de lo que vine y quería daros las gracias.  

A continuación les leyó el manifiesto que ellos mismos y entre todos habían escrito al principio de estos encuentros:

 

MANIFIESTO CONTRA LO NORMAL

1. Normal es solo el principio de un programa de las lavadoras. 

2. Los colores nunca definirán lo que es normal y lo que es anormal. No solo la religión católica debe estar en la normalidad. 

3. Nuestra normalidad debe ser aceptada y no solamente tolerada. Las personas con VIH no deben ser estigmatizadas ni discriminadas en ninguna faceta de la vida.

4. Todos somos únicos y diferentes y dentro de esa diferencia a veces rompemos la norma para crear espacios para la normalidad.

5. Buscamos NO ser lo que los demás esperan de nosotros.

6. Queremos SER y reivindicar nuestro derecho a ser.

7. Queremos que se nos permita experimentar con todo nuestro potencial sobre las realidades múltiples. Ser libres de nosotros mismos y de todas las etiquetas.

8. Buscamos una educación temprana en la diversidad.

9. Prohibido prohibir, prohibido autoprohibirse.

10. La imposición nos excita para ser diferentes y libres.

11. No aceptamos que lo normal es lo correcto.

12. No queremos que en la pareja el alto sea el hombre y que haya una diferencia de edad considerada normal.

13. Nos reconocemos seres vivos, libres, únicos, diferentes unos de otros, con la capacidad de cambiar y disponer de nuestras vidas con total libertad. Siempre desde el respeto de uno mismo y el otro, sea este quien sea, venga de donde venga y vaya a donde vaya.

14. Mírate por dentro y por fuera, disfrútate como eres y arranca las etiquetas que marcan un tallaje normal pero que siempre son en chino.

15. Ser diferentes nos hace más valiosos, interesantes y atractivos.

 

Por Chechu Zeta | 10 diciembre 2019

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