Almudena Rodríguez Huertas
ALMUDENA RODRÍGUEZ HUERTAS. Diseñadora de vestuario

Madrid. Finales de los años ochenta, 1987 para ser más exactos, Almudena Rodríguez Huertas acaba de terminar la selectividad y se matricula en diseño de moda en una escuela, hoy desaparecida, llamada ACME (Asociación de Creadores de Moda de España). Allí les encargan a varios alumnos como trabajo de clase crear un vestuario para una compañía independiente de teatro, y es entonces cuando siente que aquello podía convertirse en un trabajo, en una profesión.

A pesar del boom que por entonces estaba sufriendo la moda en España, eran muy pocos los referentes o casi inexistentes los lugares a los que acudir para formarse en el oficio del diseño de vestuario teatral en Madrid. Después de un par de años en ACME, se enteró por casualidad de que abrían el Instituto de la Moda y Patronaje, y allí estudió diseño de vestuario escénico, de cine y tv. A lo largo de su formación y junto a otros compañeros de clase, los alumnos aventajados, gente que tenía muy claro lo que quería, iban haciendo trabajitos gratis para actores de la RESAD que conocían, incluso colaboraron en una ópera con Pedro Moreno. 

Una vez terminados los estudios, aquel grupo de compañeros fundaron su propia empresa: LA LAGARTA, un taller en el que realizaban, además de vestuario y escenografías, todo lo relacionado con el diseño artístico para compañías de teatro. Trabajaron mucho y muy duro, recibían encargos pero sobre todo diseñaban para diferentes compañías de teatro con las que ganaban poco dinero, casi por amor al arte como aquel que dice. Con el tiempo empezaron a trabajar con las televisiones haciendo complementos, y de esa manera consiguieron mantenerse durante un tiempo. A día de hoy y pasado los años, Almudena mira con nostalgia espacios de trabajo como aquel y asegura que La Lagarta fue el mejor máster en la profesión que pudiera haber hecho jamás y lo que les permitió meter la cabeza en este complicado mundo del diseño de vestuario. 

Charlamos sobre los pasos de los procesos en el diseño del vestuario. Del tiempo para hablar largo y tendido con el director del proyecto. De cómo primero imaginan los tejidos, las texturas, los colores, y antes de dibujar el figurín se documenta con libros, en los museos, en Pinterest ahora por ejemplo, también con las redes, o a veces la inspiración viene de lo más inverosímil que puedas imaginar. Luego viene el momento de tomar las medidas a los actores, buscar las telas y comienza lo más artesanal del proceso, que es la confección en el taller. Más tarde vendrán las diferentes pruebas con los actores, y donde según el presupuesto se podrá o no disparatar. Confiesa que es el momento que más vértigo le produce, lo que más estrés le provoca, ya que es la primera vez que ves en un cuerpo lo que habías imaginado tiempo atrás. Y donde empiezan a surgir todos los problemas de movimiento, peso, etc. Entre risas me contaba que a veces a un día del estreno ha soñado con otro vestuario completamente diferente, de ese miedo que aparece y te hace dudar de tu trabajo. 

A lo largo de toda su carrera ha trabajado tanto en tele y en cine como en teatro. A la pregunta de con cuál se quedaría me responde que siempre elegiría el teatro, por el vértigo, por la adrenalina, por la energía con los actores. Son muy diferentes y cada cual tiene sus ritmos. Durante muchos años compaginó con trabajos de estilista en televisión y recuerda esos momentos en los que se arma de valor y decide que que su sitio está en el diseño para teatro. Dice que el teatro es de otra manera. Estás con los actores más directamente, a pie de escenario. Me contaba ese momento de ceremonia privada que tiene ella en la que se despide de sus trajes, en el que se desprende de sus creaciones y la actriz o el actor salen a escena con él. Es todo mucho más íntimo y directo. 

Conversamos sobre cómo ha cambiado todo en los últimos tiempos, de cómo se produce ahora. Hasta diciembre pasado ha estado trabajando en una serie de producción internacional con Chile y Perú para Amazon y TVE que le ha ocupado casi todo el año, y el sistema de trabajo ha sido muy diferente al de otras veces, realizando todo aquí en España, aunque el equipo de vestuario no se ha trasladado a los países donde se ha rodado. Y ese proceso final en que trabajas con el actor directamente lo han tenido que realizar con el equipo de allí a través de fotos y vídeos. 

Antes de que podamos ver en televisión el resultado de Inés del alma mía, que así se llama este trabajo, a finales de año tendremos la oportunidad de disfrutar de su labor en dos montajes teatrales en los que está trabajando para esta temporada: El vergonzoso en palacio dirigido por Natalia Menéndez y Las criadas de Genet dirigido por Luis Luque.  

Hoy, cuando el variopinto espacio gremial que constituía la madrileña plaza de Pontejos con sus comercios de telas y mercería ha colocado el triste letrero de se alquila, privando a los profesionales del lugar emblemático donde se surtían, Almudena resiste en su arte y oficio, como digna heredera y continuadora del camino que marcaron figuras de la talla de Miguel Narros –el que para ella es el mejor figurinista que ha dado este país– o Andrea D’Odorico. 

Sea por muchos años.

Por Chechu Zeta | 30 enero 2020

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