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Escuela de Interpretación Madrid

«LOS ACTORES RUTINARIOS, LOS ESPÚREOS»

[vc_row][vc_column][wolf_fittext max_font_size=»50″ text=»Los actores rutinarios, los espúreos» title_tag=»h1″ font_weight=»500″ letter_spacing=»0″][wolf_fittext max_font_size=»20″ text=» Elogio del actor en VALENTÍN de Juan Gil-Albert» title_tag=»h2″ font_weight=»500″ text_transform=»none» letter_spacing=»0″][vc_empty_space height=»3em»][vc_column_text]

Qué triste sería que las mujeres y hombres del teatro pensáramos esto de dedicarnos a la escena solamente a la luz de los manuales de interpretación, de los libros de teoría teatral, de las historias del teatro y de las artes escénicas; cuántas veces no hemos encontrando en la poesía, en la filosofía, en la medicina, en la escultura, en la música, en la pintura, en la química, etc.,  apuntes, notas, ideas, que se han convertido en disparadores poderosos para la escena. Porque a veces la línea más recta al hallazgo es la tangente. El teatro, o al menos su promesa,  sabe esperarnos en los lugares más inesperados.

Hace unos años el periodista Víctor Fernández me regaló Valentín, novela del autor alcoyano Juan Gil-Albert. Hasta la lectura de ese libro yo había contemplado a Gil-Albert como un asteroide nebuloso que entraba y salía fugazmente de la órbita de astros mayores. Sin embargo, Valentín produjo en mí una impresión tan honda y profunda que, al levantar la vista de su último párrafo —que no el corazón, que allí seguía atrapado— brillaba por derecho y con nombre propio el planeta Gil-Albert.

La novela, con epílogo del poeta Jaime Gil de Biedma, cuenta la historia de la pasión desgraciada de Richard, actor de una compañía de teatro isabelino. Escrita como una paráfrasis en prosa del Otelo de Shakespeare,  y construida sobre fragmentos de muchísimas obras del mismo dramaturgo, Valentín habla de los estragos de la homofobia interiorizada.

Mi admiración se acrecentó aún más cuando supe que la novela había sido escrita en 1964, quizá tras el periodo más oscuro del exilio interior de Gil-Albert; cómo es sabido, éste regresó a España en 1947, padeciendo desde ese momento el desprecio personal y literario de la España franquista y quizá también de la España del exilio. Sin embargo, la década que transcurre entre el final de la redacción y la publicación de la novela en 1974 aparece como el triunfo de la voluntad de un hombre pese a estar colmado de incomprensiones y soledades; un hombre que asume su condición de margen, de verso suelto, casi de fantasma; y desde ahí, desde ese margen que hubiera arrumbado a tantos otros, convirtió la literatura en el refugio donde guarecerse. Su obra es la literatura del vencido que no se deja vencer, del homosexual que pasea las calles de una España inmisericorde con tantos de sus hijos y especialmente los homosexuales; poeta de guardia donde nadie lo aguarda, un humanista en tiempos inhumanos.

Todo eso se suma al altísimo mérito artístico de una obra que es fundamentalmente un  homenaje al teatro y que esconde entre sus páginas una emocionante reflexión sobre el oficio del actor. Y ya que estas líneas, que espero sirvan de invitación para la lectura de la novela, se publican en el espacio virtual de un estudio de interpretación, el de Juan Codina, creo de interés recuperar aquí algunos párrafos.

El protagonista de la obra de Gil-Albert, hereda de sus padres el oficio de actor. Así el joven Richard vive la repentina muerte de su padre no tanto como una tragedia sino como el tránsito necesario para el despertar de su vocación actoral:

Empiezo pues: he vivido al teatro desde mi tierna edad. Mi padre era actor y medio titiritero. Representaba comedias, pero, con sus compañeros de profesión, tenía que improvisar, en las plazas de los poblados, espectáculos de pericia y de agilidad como fin de fiesta. Ejecutando uno de sus saltos mortales, desde un alto trampolín, halló una tarde efectivamente la muerte. Tenía yo diez años y sentí su pérdida, como he comprendido después, más como la iniciación de mi destino que como un cataclismo: de mi destino autónomo, por decirlo así.

Hay algo profundamente turbador en el párrafo anterior. La necesidad, por así decirlo, de matar al padre, que es maestro. Percibimos claramente el sustrato edípico en esta revelación, que se acentúa aún más cuando Richard nos habla de la veneración que siente por su madre, sastra de teatro:

Él era impulsivo, nómada, saltarín; ella resignada. Dedicada a la sastrería, era, también, confeccionadora de disfraces y pelucas, galas destinadas a la ficción, al teatro, y su seriedad y su buen cumplimiento, le valieron, entre los faranduleros, fama de gran mujer a la que, si unos contaban sus cuitas, otros encomendaban sus ahorros.

Sin detenernos demasiado en este punto, Gil-Albert parece remitir a una grieta fundacional del artista, a una sacudida de los cimientos en algún punto de la infancia, a ese ausentarse del mundo aparente de los niños que luego van a dedicarse a eso de “ser artistas”. Pero, por fortuna, lejos de ahondar en estas sombras, pronto descubrimos el inmenso goce que supone para el protagonista dedicarse a la interpretación:

Y heme de pronto convertido en actor, declamador, espadachín, héroe, asesino. ¡La escena! No concibo otro oficio, otra aventura, otra laboriosidad. ¿Podía haber sido otra cosa que lo que fui este ser cambiante lo llamaría yo que, por un talento que se nos otorga, y que para tentarnos se disfraza de necesidad, de necesidad y aun de indigencia, parece resumir en sí lo proteico del alma ajena, paralizada en vivo por unos instantes como si, por un don instintivo de ubicuidad, o quién sabe si por la constancia en nosotros de un espíritu múltiple, nos prestáramos a encarnar, insuflando nuestro aliento, la fisionomía y el drama de un ser transitorio y siempre distinto? ¡Sí, resplandor escénico, inquietante proyección personal en la nada del mundo! ¡Cuánto placer te debo, ocupación febril, superación excitante, abatimiento! Nada podría compararse a esta vida tránsfuga en la que el actor hace las veces de un diamante tornadizo por debajo de cuyas facetas, tiñéndolo como el estilo de un pintor o el acento de una música, revelamos la presencia inconfundible de una corporeidad: la de un ser expresivo que se transfigura perpetuamente sin dejar de ser él, él y no otro. Sí, agradezco a todos los cielos el que, entre todos los oficios a los que el hombre ve supeditada su vida, me haya brindado éste que, en lugar de reprimir, expansiona?

Qué bellísima manera de definir el oficio del actor,  qué certero modo de abordar el asunto de la predestinación (o disposición) sin caer en petulancias narcisistas, qué celebración de la alegría del teatro.

Aunque lo siguientes párrafos bordean lugares comunes sobre la bohemia del oficio —recordemos que describe una compañía del siglo XVII—, se ocupa con tino del don “de la facilidad”, de aquellos intérpretes que expresan su arte “como el agua la frescura y el sol la luz”, porque son poseedores de un secreto.

¿Es acaso un oficio? ¿No parece más que un debe, una gracia, una lujosidad? ¿Que se cumpla en su cometido un trabajo que es tan libre y, a la vez, por así decirlo, tan radical, ya que se acopla de modo natural y flexible al módulo expresivo de la vida misma? El actor expresa el arte como el agua la frescura y el sol la luz, porque lleva en sí el secreto de sus principios constitutivos, la generosidad efectiva de sus condiciones inalienables. Se está dedicado a un trabajo, no como una esclavitud,  ni siquiera como una obligatoriedad, sino simplemente como una expresión. Así he vivido yo mi función como una forma de libertad. ¡Labor sin horarios retribuidos, sin encierros monótonos, sin fastidiosos sedentarismos burocráticos, que cambia de lugar, de luz, de público!

Ya por último, Gil-Albert nos regala este párrafo que esconde un relámpago de verdad porque señala a aquellos que viven el teatro como una rutina, que no arriesgan ni se arriesgan, que no entienden cuántas sombras han de atravesarse para regalar algo de luz, que están en la profesión pero mirándola como desde fuera, como a salvo, espúreos, rutinarios. Por fortuna, están los otros, los que se pierden una y otra vez por encontrarse, los que se arrojan al fuego para alumbrarnos, los que pasando “por divertir a los demás” preparan la más hermosas de las emboscadas.

Bien sé que no todos los que pisan las tablas han sido sellados por el cumplimiento de su fin: existen los rutinarios, los espúreos, que conviven con nosotros, que parecen acompañarnos en una misión que es, en ellos, únicamente tarea; podrían remendar calzado o transportar mercancías sin que estos menesteres supusieran en sus almas deformación o relajamiento. El sino, como en otros aspectos del vivir, se da en unos pocos, que son los que reciben la gracia, y con ella, faltamente, su trasfondo inevitable de inquietud y de sufrimiento. Sin esta inquietud, sin este sufrir, poco puede lograrse de valedero. Incluso en nosotros, los que pasamos por divertir a los demás. Extraña diversión con trampa que, sacando a los hombres de su lugar común, los espolea, haciéndolos entrar, por sorpresa, en las laberínticas vicisitudes del drama humano, en las perplejas inseguridades del alma movediza.

Por Alberto Conejero | 8 abril 2019[/vc_column_text][vc_empty_space height=»2em»][/vc_column][/vc_row]

TRIPTYCH

[vc_row][vc_column][wolf_fittext max_font_size=»72″ text=»TRIPTYCH» font_weight=»500″ letter_spacing=»0″][wolf_fittext max_font_size=»42″ text=»Grabación de pieza audiovisual» font_weight=»500″ text_transform=»none» letter_spacing=»0″][vc_empty_space height=»3em»][vc_column_text]

Pararse y mirar, como si fuera un acto político. Mirar. Mirar y volver a mirar. Hacerlo casi como único camino posible para poder empezar a crear, para poder abrir las puertas del enigmático tríptico, como proponían los directores al comienzo de este proyecto que en unas semanas concluirá. 

Hace algo más de dos meses Luis Luque y Eduardo Mayo, junto a los quince alumnos del postgrado de este año, se embarcaban en la laboriosa tarea de crear una pieza escénica a partir de la observación de una pintura. La elegida: El jardín de las delicias de El Bosco. 

¿Qué imagen nos devuelve este misterioso cuadro? ¿Qué relación establece la pintura conmigo? ¿Habla de mí? ¿Habla de nosotros?  

Estas eran algunas de las preguntas que aparecían en un principio al colocarse frente a la obra del pintor flamenco. Luego surgieron otras que ni siquiera se habían imaginado, incógnitas que a través de la reflexión, la investigación y la acción en el desarrollo del trabajo se han ido despejando. 

El resultado de este proceso, de este diálogo entre diferentes disciplinas artísticas, ha dado como fruto TRIPTYCH, pieza escénica que se estrenará en el Teatro de La Abadía los días 27 y 28 de abril.

El lunes pasado nos colamos en la grabación de la pieza audiovisual que está creando Bruno Praena para el espectáculo. Aquí os dejamos un aperitivo. 

Deseosos 

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Escuela de interpretación en Madrid

LA NOCHE DE MAX EXTRELLA

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Ya está todo preparado para realizar la peregrinación bohemia que se organiza cada año —ideada por Ignacio Amestoy y dirigida por Ainhoa Amestoy y Javier Huerta—, con la intención de que los devotos de Max Estrella, el inolvidable protagonista de Luces de Bohemia de Valle-Inclán, celebren al autor y su personaje recorriendo los escenarios más significativos de Madrid por los que discurre esta obra culmen del esperpento.

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Te puedes unir a esta procesión laica en cualquier punto del recorrido (los horarios son aproximados): 

18:00h. Mayor, 84. Como es ya costumbre inveterada, se congregan los bohemios, cerca del Pretil de los Consejos, donde se inicia el viaje a ninguna parte de Max Estrella, acompañado de su perro lazarillo, poco de fiar, don Latino de Hispalis. Ainhoa Amestoy y Javier Huerta, barandas de la ronda nocturna, abrirán boca recitando a pachas el romance de «Valle y Lorca, Lorca y Valle», escrito para la ocasión por un ingenio de esta corte. A continuación, el catedrático Francisco Gutiérrez Carbajo, teatrero de pro en la UNED, pronunciará el pregón de salida. Casa Ciriaco, taberna de solera y tronío, ofrecerá, para tomar fuerzas, un refrigerio a los cofrades.

18:30h. Santa Clara, 3. Ante la casa de Mariano José de Larra donde un aciago 13 de febrero de 1837 sonó la fatal detonación. Carmen Losa, virtuosa de las palabras y las acciones en la contemporaneidad teatral, contemplará a Fígaro desde la atalaya de la mujer de hoy, con Dolores Armijo en la recámara.

18:45h. Plaza Mayor. Junto a la estatua del rey Felipe III, conmemorando la inauguración en 1619 de tan histórico lugar, que habría de ser magnificente escenario de corridas de toros, juegos de cañas y fiestas sacramentales durante el siglo de los Austrias. Obra del arquitecto Juan Gómez de Mora, nadie mejor para recordarlo que otro arquitecto ilustre, Juan Miguel Hernández León, presidente del Círculo de Bellas Artes, prologado por Ignacio Amestoy. Intervendrán después Juan Cañas, músico y actor de la Cía. Ron Lalá, y la dramaturga Julieta Soria, que interpretarán un fragmento sobre Madrid de su reciente y tirsiana obra Mestiza.

19:15h. Plaza de San Ginés. Frente a la Chocolatería de San Ginés, antigua Buñolería Modernista, lugar gamberro donde los haya de Luces de bohemia. De aquellos jóvenes modernistas a los jóvenes artistas de la Real Escuela Superior de Arte Dramático, asunto del que nos hablará su director, Pablo Iglesias Simón. Y también el profesor Eduardo Pérez-Rasilla, que acaba de publicar una edición fetén de la Biblia de los cofrades, o sea, Luces de bohemia. Y para aquellos que empiecen a sentir gusa habrá algún que otro churro, gentileza de la popularísima Chocolatería.

19:45h. Puerta del Sol. Casi en el mismísimo kilómetro cero, ante la proteica fábrica de la Casa de Correos, que fuera después Gobernación, y fuera después (¡lagarto, lagarto!) Dirección General de Seguridad, y ahora es sede de la Comunidad de Madrid. El ya mencionado Ignacio Amestoy, laureadísimo autor y artífice de la Noche de Max Estrella, hará la remembranza de tan histórico lugar, con más sombras que luces, a más de sus aledaños: Pica Lagartos, Café Colón, etcétera. Ángel Solo y Tomás Repila, cumplidamente vestidos por Cornejo, interpretarán el texto titulado Te van a matar por este libro, debido a la garbosa pluma del no menos grande José Ramón Fernández.

20:15h. Callejón del Gato. Espacio mítico por sus espejos cóncavos y convexos, que a Valle-Inclán inspiraran su célebre teoría del esperpento, y que hoy cuida la taberna Las Bravas, que con su brava generosidad de costumbre ofrecerá un vino a los concurrentes. Pero antes saborearemos el verbo del escritor y director Alfredo Sanzol, responsable de la última puesta en escena de Luces en el Teatro María Guerrero. Le acompañará en el trance Juan Codina, o séase Max Estrella en la antedicha representación. Y ambos dos (Max y Latino) rememorarán la famosa escena undécima.

20:30h. Plaza de Santa Ana. Frente por frente al antiguo Coliseo del Príncipe, escenario de los grandes éxitos de Lope, Tirso y Calderón, hoy Teatro Español, regido por Carmen Portaceli, que nos dirigirá unas palabras a modo de salutación. Seguidamente intervendrán los actores Nacho Sánchez y María Isasi que rematarán la faena interpretando un texto de El sueño de la vida, la comedia sin título de Federico García Lorca que ha completado para la escena de hoy Alberto Conejero. Y, en fin, como testigo mudo de todo ello, la estatua de Federico, aunque el espíritu más vivo que nunca.

21:00h. Cervantes, 11. Ante la Casa de Lope de Vega, creador de uno de nuestros mitos dramáticos más universales, Fuente Ovejuna, comedia publicada hace justamente 400 años, o sea, otra efeméride digna de recordación. A destacarla, comme il faut, se aplicará la complutense profesora Elena di Pinto. María Besant, actriz hecha a sinalefas y encabalgamientos, recitará unos versos del Fénix de los Ingenios.

21:30h. Prado, 21. Ateneo de Madrid. En su historiado e histórico Salón de Actos, César Navarro, presidente de la Docta Casa, nos dará la bienvenida. Intervendrá luego Margarita Piñero, profesora de Escritura Dramática en la RESAD. Como en el Ateneo debieron coincidir en más de una ocasión, como socios que fueron de la venerable institución, el viejo don Ramón María y el joven Federico, dos estudiantes del máster del Instituto del Teatro de Madrid, Víctor Iván Heras y Carlos Espejo, se encargarán de evocar uno de aquellos posibles encuentros.

22:00h. Círculo de Bellas Artes. Al amparo de la diosa Minerva, la bohemia procesión será recibida por el custodio de esta institución, Juan Miguel Hernández León. Xerardo Pardo de Vera, asiduo de la Noche desde sus tiempos fundacionales, completará con unas palabras la bienvenida a la ilustre casa, cual redivivo Valle-Inclán. Finalmente, escucharemos muy atentos el Mensaje del Día Mundial del Teatro. Sala de Columnas. Apoteosis del recorrido valleinclanesco, con intervenciones varias y variadas. Primero, la del director Miguel del Arco, encargado del montaje Proyecto Lorca Joven, estrenado en los Teatros del Canal. Después, la Compañía Atelans, bajo la dirección de Juan Ollero, representará un fragmento de Las galas del difunto, en clave musical expresionista. Y, a manera de traca final, la simpar Silvia Marsó interpretará el himno de los bohemios, el Babilonio, acompañada al piano por Blanca Trabalón. Sin olvidar, claro, el chocolate y los churros.

¡Y hasta el año que viene, que viene veinte!

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Ella somos tomas las mujeres

ELLA SOMOS TODAS

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Tienes dieciocho años y te violan.

Estás de fiesta, has bebido, te has divertido, tienes el cuerpo relajado, la sangre te pide libertad, porque tienes dieciocho años, porque te gusta la vida, porque la calle y el mundo también te pertenecen. Te gusta salir, la noche y la brisa fresca de una ciudad nueva.

Un chico guapo se sienta a tu lado y te dice cosas bonitas, parece que el mundo sonríe. Va con unos amigos, son majos, también son sevillanos, la tierra del sol y la alegría. Estás bien, pero cansada y decides irte a dormir al coche. Como no conoces bien la ciudad les preguntas, ellos se ofrecen, dos de ellos pertenecen a las fuerzas de seguridad de este país, uno es policía y otro guardia civil.

Te sientes bien y segura, vas protegida. Confías.

De pronto, empiezas a sentirte rara con tanta amabilidad. Tu cuerpo te avisa, algo en tus riñones se estrecha y la respiración se empieza a acelerar.

De pronto ese chico tan guapo te besa, tú también le besas, pero te das cuenta de que no quieres beso. No, ya no quieres, te quieres ir, lo dices. El chico tan guapo te coge de la mano y te mete a un portal. Se querrá fumar un porro con sus amigos. Piensas bien, no pasa nada, son buena gente, mientras, tu cuerpo te habla, empiezas a notar que ya no estás borracha. Tu cuerpo se está despertando y toda la sangre está avisándote de que algo pasa. Tarde, muy tarde ya.

Cuando te quieres dar cuenta estas rodeada por cinco hombres en un portal que solo tiene una salida, una mano te ha bajado las bragas mientras tu dices NO.

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La manada: Jose Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Jesús Escudero, Ángel Boza y Antonio Manuel Guerrero

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Tienes una polla en la boca y te da una arcada. NO, NO, NO POR FAVOR. No solo lo dices, encima eres educada.

Lo demás ya lo sabemos todas, algunas lo hemos sabido más y otras menos. Ahora un juzgado dice que esto no es una violación, y con esto está diciendo que nuestro NO, no se oye. Que nuestro cuerpo no nos pertenece. Que nuestra opinión no cuenta. Todo este juicio se ha empeñado en demostrar y en juzgar la libertad sexual de una mujer, con preguntas capciosas y frases retrogradas.

En el hipotético caso de que ella se quisiera ir con los cinco, cosa que dudo. ¿Cuál es el problema? ¿Dónde están los límites? Nosotras también podemos estar en una orgía y nos puede gustar, pero si en el último momento decidimos que no, ya no es orgía es violación.

¿Se nos puede juzgar por querer ir a una orgía? Nuestro cuerpo es nuestro, y vamos con el donde nos de la gana.

Esta violación estaba planificada, estaba retransmitida, había un grupo de hombres esperando para ver los vídeos de la violación. Ellos, los violadores, en ningún caso hablaban de consentimiento, hablaban de dopar, de ir a la caza, de engañar, de dominar, de humillar. Es la violación que ha dejado más pruebas de todas las violaciones. Pero ella no se resistió, entonces es abuso, no violación. Si te resistes, como Diana Quer, como Nagore Laffage o como María Goreti, igual no es violación solo, igual termina en asesinato.

Esta sentencia juega en nuestra contra, en contra del cuerpo de las mujeres. Quieren dejar claro que nuestro cuerpo es un lugar que se puede seguir conquistando.

Ella estaba borracha, es uno de los argumentos del juez que pide libertad sin cargos para los acusados. ¿Y qué? yo también puedo salir y estar borracha, la calle también es mía. Ella no tenía cara de dolor, ni de sufrimiento. “Está claro que dolor, dolor, no sintió usted” ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo se puede valorar el dolor que siente una mujer en esa situación? ¿Cómo se puede medir?

Esta sentencia es contra nosotras, contra nuestra palabra y contra nuestra libertad. Ella somos todas, por eso este juicio es a todas. Hermana, yo sí te creo. Hermana, la calle es nuestra y la conseguiremos.

VANESSA ESPÍN[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Escuela de Interpretación en Madrid

MIGUEL DE MOLINA AL DESNUDO

Lunes. 18 de marzo. Víspera de primavera. Salgo, y no me avergüenzo, excitado del Teatro Infanta Isabel, tras asistir a una de las últimas representaciones de Miguel de Molina al desnudo. El culpable que tanto placer me desata está fichado. Mora en la deshonesta calle de Carretas y titula con el nombre de Ángel Ruiz. Sólo un actor de la escuela antigua –pienso en un segundo de inspiración– puede ofrecer un recital de tamaño descaro. Exhibe el señorito un dominio tan virtuoso de su instrumento que acabas por dilatar las pupilas tratando de descubrir el truco que lo protege. Nada, no hay truco. Ángel canta. Ángel baila. Ángel actúa. Ángel fuma. Y aunque nada de todo esto ocurra en el Madison Square Garden, yo les exhorto: NO SE LO PIERDAN. 

Pero además este espectáculo, escrito por el susodicho angelito –sí, chica, también escribe– se convierte deliberadamente en un ajuste de cuentas a una figura y una época. Honra la memoria febril de un fetiche de la copla; aquel que irrumpía insolente en el escenario, mientras que desde la platea una masa republicana y devota le jaleaba como La Miguela: Miguel de Molina. Que lo mismo le daba. Para entender mejor de qué hablamos cuando hablamos de Miguel de Molina, conviene recordar que en su momento de mayor popularidad, el prenda, cobraba cinco mil pesetas. Ocho mil euros de ahora. Chúpate esa mandarina.

El milagro que Ángel Ruiz obra al filo del proscenio es admirable. La identificación que alcanza con el ídolo que representa es plena sin que la personalidad del propio Ángel se desvanezca. Un delicadísimo trabajo actoral que bascula entre la mímesis y la independencia. Y entonces se alumbra la paradoja. Mientras que el espectáculo avanza empiezas a acariciar la impagable sensación de estar retrocediendo en el tiempo, de estar asistiendo como testigo excepcional a una representación que en realidad sólo pudo ocurrir en los años treinta. La nostalgia aplasta a la estadística, para demostrar al fin que cualquier tiempo pasado fue efectivamente mejor. En la puerta de salida del teatro algunos vecinos de la Villa esperamos a que apareciera el artista para rendirle tributo con un aplauso cerrado en mitad de la rue.

Un poco más tarde, después del comadreo y los chupitos, me dirijo a casa acompañado por dos de mis alumnas, Ana y Julia, actrices de raza. Al paso por la Gran Vía, me asalta de nuevo la primera intuición, y les confieso el secreto del fenómeno que hemos tenido el privilegio de contemplar: Ángel Ruiz es un actor de la antigua escuela. Ellas, tan malvadas, me preguntan qué significa eso de ser de la antigua escuela. Yo les hablo de un espíritu, de un perfume, de un estilo. Pero acierto a decir poco más mientras la noche me esfuma.

El caso es que no hay mucho más, la antigua escuela fue aquella que no pudo estudiar. Fue la escuela de la supervivencia. Y la del atrevimiento. Un oasis que diseñaron aquellos que tuvieron la valentía de soñar en libertad. Un espacio donde reivindicar la singularidad, que es la madre de la provocación. Era un mundo sin likes. Todo se jugaba a una sola carta, la del carisma. No había más. Eso, y muchas ganas de triunfar. Y de vivir…

En esas andaba Miguel de Molina, cuando una noche cuatro miembros de la Dirección General de Seguridad, los matones de Franco, le sacaron del teatro donde actuaba y le metieron en un coche. Le llevaron hasta un descampado y le dieron una paliza que lo dejó al borde de la muerte. Después el exilio. Lo que el asesino y sus esbirros no pudieron impedir es que permaneciera en la memoria de tantos que le adoraron. Aquel apóstol de la libertad, que daba cien mil vueltas a mucha moderna que hoy cree que ha inventado la pólvora, puede descansar en paz. La escuela antigua, aunque pique, sigue viva.

Gracias, Ángel Ruiz, por derrochar tanto arte y repartir tanta justicia.

Por Juan Codina | 26 marzo 2019

Alfredo Sanzol nos habla acerca de EL EMPRENDEDOR

EL EMPRENDEDOR

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Aquí hay un plan que consiste en hacer creer que:

Los jueces están comprados. Los políticos son todos iguales. Los artistas son gilipollas. Los médicos no dan una. Los científicos son parásitos. Los empresarios son la mafia. Los intelectuales el paleolítico. Los periodistas unos falsos. Los arquitectos egomaniacos y la lista puede llegar hasta el infinito y tocar casi todas las profesiones y trabajos menos uno: EL EMPRENDEDOR. El emprendedor está impoluto. ¿Por qué? Procedo a pensar.

Lo primero que llama la atención es que la palabra “emprendedor” no quiere decir nada. Cualquier actividad se enmarca dentro de un campo de actividad ya existente, incluso aquellas que tienen por destino crear en el futuro una actividad totalmente nueva. Un emprendedor siempre es algo. Es un científico, un empresario, un artista… algo. Entonces, cuál es la imagen esencial que se quiere transmitir del emprendedor. La imagen del SOLITARIO. El emprendedor no pertenece a ningún gremio. No tiene vínculos. Se hace a sí mismo. Tiene movilidad absoluta. Va a lo suyo y tiene un sueño: su movida. No tiene vínculos. No comparte intereses. No tiene hijos. Lo que le pase es responsabilidad suya. Es el culmen del sueño neoliberal: crear una sociedad de seres desvinculados, incapaces de ser conscientes de que comparten la vida, desarraigados de vínculos emocionales que pongan por delante a las personas antes que: “sus movidas”. No puede montar huelgas, no cobra pensiones, no comparte, no le interesa lo público, no forma parte del Estado, ni de ningún colectivo. Un emprendedor no tiene ni comunidad de vecinos.

Me llamo Alfredo Sanzol, soy autor y director de teatro, en España hay muchos autores y directores, en Europa también, y en el mundo. Formo parte de ese colectivo. Esas personas son mis compañeros. Comparto su destino. Creamos, inventamos, emprendemos, con mucho trabajo y sacrificio, y lo último que quiero ser en mi vida es “un emprendedor”.

Por Alfredo Sanzol | 14 marzo 2019

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Escuela de interpretación en Madrid

PARA MÍ TODO LO QUE NO ES AMOR ES MIEDO

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“Amo mi profesión. La amo con locura. Y como amante obediente que soy siempre le he ofrecido lo más valioso de mí. El único secreto de actuar bien es entregarse a amar sin límites […] «La obligación de un actor es dignificar esta profesión. Hacerlo a diario. Y que cada trabajo al que nos enfrentamos seamos capaces de hacerlo como si fuera el primero, el último y el más importante de todos.” –como dijera mi amigo y maestro Carlos Hipólito en una ocasión– ese ha sido mi empeño. Yo odio la frivolidad, la falta de compromiso, la improvisación mal entendida y el poner más atención en la raya del ojo que en si el corazón palpita. Para mí todo lo que no es amor es miedo.”

Con estas palabras se cerraba anoche la gala de la 28ª edición de los Premios de la Unión de Actores y Actrices en el Teatro Circo Price de Madrid. Palabras del discurso de agradecimiento del director de nuestro Estudio, Juan Codina, al recoger el Premio a Mejor Actor Protagonista de Teatro por su trabajo en Luces de bohemia  de Alfredo Sanzol.

Una gala conducida genialmente por los actores y cantantes Verónica Ronda y Ángel Ruiz en la que Iñaki Guevara, secretario general del sindicato, pedía “más papeles para mujeres” en teatro, cine y televisión y aseguraba que “la Unión seguirá peleando para lograr la igualdad plena entre hombres y mujeres”

Una de las protagonistas de la noche fue Marisa Paredes, que recogió el Premio a Toda una Vida, y se lo dedicó a todos los compañeros de profesión ya que “es muy importante este trabajo, pero más aún es con quien haces este trabajo” y dijo sentirse muy afortunada porque “uno de los mayores placeres de la vida es trabajar en lo que te gusta”.

También hubo tiempo para escuchar a los miembros de la Subcomisión del Estatuto del Artista que recogieron el Premio Especial. Marta Rivera de la Cruz, presidenta de la subcomisión y diputada de Ciudadanos –acompañada por Emilio del Río (Partido Popular), José Andrés Torres Mora (Psoe) y Eduardo Maura (Podemos)– dio las gracias a la Unión por “otorgarnos este premio” y señaló que “un país si no respeta su cultura esta perdido”.

El galardón Mujeres en Unión lo recibió este año la sección Mujer tenía que ser, del programa de La Sexta El Intermedio conducido por Sandra Sabatés que no pudo acudir a recogerlo pero dejó un mensaje de parte de todo su equipo: “nos queda mucho camino por conseguir la igualdad. Ojalá seamos capaces de construir una sociedad feminista”.

En la categoría de cine,  Susi Sánchez ganó el premio a Mejor actriz protagonista por su trabajo en La enfermedad del domingo y Antonio de la Torre recogió el de Mejor actor protagonista por El reino. Además, Mejor actriz de reparto fue para Elvira Mínguez por Todos los saben y para Luis Bermejo por Tu hijo. Ana Wagener fue reconocida como Mejor actriz secundaria por El reino y Juan Margallo en la categoría masculina por Campeones.

El premio a Mejor actriz protagonista en Televisión fue para Inma Cuesta por Arde Madrid mientras que el de Mejor actor protagonista fue para Álvaro Morte por La casa de papel. En la categoría de Mejor actriz secundaria la afortunada fue Anna del Castillo por su personaje de Arde Madrid y Antonio Durán recibió el de Mejor actor secundario por Fariña. Y para cerrar la terna televisiva, el de Mejor actriz de reparto lo recibió Miren Ibarguren por Arde Madrid y su compañero de serie Julian Villagran se alzó con el de Mejor actor de reparto.

La noche terminaba con la categoría de teatro en la que Laura Toledo con La voz dormida ganó el de Mejor actriz protagonista y como ya decíamos al principio Juan Codina conseguía el de Mejor actor protagonista. Natalia Hernández recibió el galardón de Mejor actriz seciundaria por La ternura y su homólogo masculino fue Pepe Viyuela por El burlador de Sevilla. El reconocimiento en la categoría de Mejor actriz secundaria fue para Ángeles Martín por Hablar por hablar y Juan Vinuesa por Algún día todo esto será tuyo.

Enhorabuena a todos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Escuela de interpretación en Madrid

ENTREVISTA A HUGO SILVA Y NATHALIE POZA

Es algo muy nuestro eso de sacarle punta a todo, en España somos así. ¿Por qué llamar a las cosas por su nombre si se lo podemos cambiar? En nuestro país, en la calle, los billetes de 500 se conocen como binladens por aquello de que todo el mundo sabe que existen, pero nadie los ha visto.

Este viernes 8 de marzo llega a los cines la última película de Koldo Sierra, 70 BINLADENS. Esa es la cantidad –setenta de los morados, 35.000 euros— que necesita la protagonista, Raquel (Emma Suárez), una mujer cerebral y muy inteligente pero que en ese momento de su vida se encuentra completamente desesperada. El tiempo corre en su contra, antes de que pasen 24 horas debe reunir la cifra, y su última esperanza es conseguir un préstamo bancario. Cuando finalmente se lo conceden y está cerrando el trámite con el banco, aparecen en la sucursal un par de atracadores de medio pelo, lamentablemente torpes —Lola y Jonan (Nathalie Poza y Hugo Silva)—, y el alivio que por un momento creyó alcanzar se va al traste.

El director bilbaíno construye un thriller trepidante en el que hay momentos incluso para la comedia, sin que esta consiga rebajar la tensión, que mantiene constantemente gracias a los sorprendentes giros de su guión. La atmósfera de toda la cinta es asfixiante, claustrofóbica. La película fue rodada cronológicamente y casi al completo en dos únicas localizaciones, el banco y la plaza donde se ubica este.

Intuimos el gusto de Serra por el género de suspense americano –al que de alguna manera homenajea– pero va más allá y demuestra un rotundo dominio de este. Adaptando con inteligencia la teoría y aplicándola con maestría a nuestra realidad. No se pierde en liturgias efectistas hollywodienses, es franco, y sin ningún tipo de complejo ni reparo acude a algo que todos reconocemos perfectamente: el costumbrismo español del cine quinqui de los 70. Todo un acierto.

Y claro, si estamos en España –como no puede ser de otra manera– este atraco va salir mal. Muy mal. Y aquí es donde entran en juego los personajes que interpretan, de manera memorable, los dos actores de nuestro vídeo.

Hace unos días estuvimos en el preestreno de la peli y en la presentación a los medios. Y no quisimos perdernos la ocasión de poder hablar con Nathalie Poza y Hugo Silva, y que nos contasen de primera mano como fue dar vida a estos dos balas. Lola, esa psicópata, descabelladamente impulsiva y peligrosa, y Jonan, el frágil y manipulado yonki, a los que interpretan poderosamente.

Todo un lujo.

el problema es cómo la pantalla se ha apoderado del cerebro

“EL PROBLEMA ES CÓMO LA PANTALLA SE HA APODERADO DEL CEREBRO”

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Franco Bifo Berardi combina la docencia como profesor de historia social de los medios de comunicación en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán) con la agitación cultural: creó el fanzine A/Traverso, Radio Alice —la primera emisora pirata de Italia— y la TV Orfeu, cuna de la televisión comunitaria en Italia. En sus libros indaga cómo las tecnologías digitales están generando una mutación del ser humano y aceleran de forma tan vertiginosa el tiempo que no deja tiempo para la pausa, la escucha o la capacidad crítica ponderada. Cartografía un tejido social en el que, como en las shitstorm [una tormenta de mierda] de las redes sociales, los individuos se mueven por los estímulos de todo tipo que reciben sin tiempo para reflexionar, y donde reina el resentimiento identitario, la desertificación del pensamiento complejo y el autismo coral. Ayer habló en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona con Ingrid Guardiola sobre cómo “los dispositivos tecnológicos se han convertido en una prótesis de nuestros cuerpos y en una herramienta de relación permanente con el mundo, devaluando así nuestra experiencia directa e inmediata de la realidad, afectando a las emociones, el psiquismo, la percepción y la relación con el otro”.

Pregunta. ¿En qué está mutando el ser humano?

Respuesta. La modernidad nace cuando la escritura se hace medio de masas y la imprenta permite difundir el pensamiento en miles de copias. Hoy vivimos una segunda mutación técnico-comunicativa mucho más profunda, porque mutamos de una forma conjuntiva del pensamiento, de la comunicación, del afecto, a una forma conectiva.

P. ¿Cuál es la diferencia?

R. Que la presencia de la corporeidad ya no es decisiva. En la comunicación conjuntiva la creación de significado, de sentido, pertenece a la esfera de la presencia. Yo puedo decir algo que puede tener un significado diferente según la manera en que lo digo, de su contexto, de la relación afectiva que existe con mi interlocutor, pero en la comunicación conectiva es la sintaxis, la estructura técnica del medio, el formato, el sentido mismo. Además, la comunicación conectiva nos permite una aceleración, una intensificación infinita de la información, que no es solo información, este el problema, sino al mismo tiempo estímulo nervioso, es shitstorm. La consecuencia es que las capacidades críticas que la humanidad tenía en la época de la imprenta se están perdiendo. Y esta transformación está vinculada a la aceleración de la infoesfera que produce efectos en la psicoesfera, es decir, en el cerebro, en la mente, en la emocionalidad humana. Vivimos una época de patologías masivas, como las crisis de pánico, la depresión, la ansiedad, que no son patologías simplemente psíquicas, sino de la relación comunicacional.

P. ¿Hemos perdido sentido crítico de la complejidad?

R. El universo técnico se ha vuelto demasiado complejo para el entendimiento humano. Tenemos que reconocer que la posibilidad de una crítica de la discriminación racional es imposible cuando se habla de fake news, por ejemplo. El problema no son las fake news, que siempre han existido, el problema verdadero es lo que está pasando en el cerebro. El cerebro se ha vuelto incapaz de elaborar la complejidad del universo técnico. La velocidad, la intensificación, no permite que el cerebro pueda discernir, redistribuir. Cuando leemos un texto escrito o hablamos con un compañero la velocidad de esta comunicación nos permite discriminar entre bueno y malo, verdadero o falso.

P. Ya hace muchos años que vivimos un proceso de desculturización del individuo.

R. No estoy seguro de que podamos utilizar la palabra desculturización. El problema es que estamos pasando de una cultura a otra. Podemos identificar la cultura como nuestra cultura, la que nos gusta, la progresiva, la democrática, pero hay otras, estamos entrando en otra condición cultural. La mutación es más profunda, es cognitiva, lo que significa que no implica solo un cambio de las formas simbólicas, políticas, racionales, significa una mutación de la maquinaria. Lo que pasa en la esfera política, social, parece una locura porque seguimos interpretando comportamientos, sí, dementes, con las categorías de la racionalidad política. Por un lado, como decía Eco, está el crecimiento de la inteligencia artificial y por otra el crecimiento de la demencia humana. No es casual. Cuanto más atribuimos la actividad inteligente a la máquina, tanto más renunciamos a la capacidad de actuar de manera inteligente.

P. Platón creía que el paso de la transmisión oral a la escritura era una catástrofe. Zola se escandalizaba de que los primeros trenes a vapor circularan a 40 Km/h. ¿No hay un prejuicio de la generación predigital?

R. Ja, ja. Platón no se equivocó la capacidad de memorización de los hombres se ha empobrecido con la aparición de la escritura. Respecto a lo que dice, sí, creo que sí. Para la última generación alfabética o predigital, lo que está pasando es incomprensible porque las categorías en las que nos hemos formado, desde el comienzo de la modernidad, de Kant y Descartes, han definido la razón y la política. La política como técnica de discriminación entre bueno y malo y reducción del mundo a la razón, y esto está desapareciendo. ¿Qué pasa con las nuevas generaciones? El suicidio crece un 60 % en 40 años desde los noventa. En primer lugar, Corea del Sur, segundo Japón, tercero Finlandia, y cuarto Hungría. Corea del Sur es donde la aceleración informativa y el cambio digital han sido más violentos, más transformadores. Sí, la ola de depresión masiva, las crisis de pánico desconocidas hasta entonces, se explican solo a partir de esta mutación. Las nuevas generaciones viven de manera más normal que las anteriores, pero a costa de un sufrimiento psíquico y social, porque las formas de explotación, el regreso de la esclavitud de la precariedad, libre, pero esclavitud, es el precio que están pagando. Esto no se puede parar. No hablo desde la nostalgia, pues ya no existe, ni volverá, como no volverán ni la democracia ni la política. En sí la tecnología no es mala. Solo produce sufrimiento cuando se vincula con la competencia desenfrenada, con la soledad y la violencia social, con el neoliberalismo. Si no corres, mueres. Si no eres más veloz, no ganas. Los trabajadores han de competir entre ellos. La relación entre jóvenes es de competencia y soledad.

P. La democracia ha muerto, dice usted

R. Democracia es la dimensión donde nadie tiene razón porque todos tienen derecho a razonar conflictivamente en una sociedad abierta, porque no hay verdad, pues la verdad es el diálogo, y eso no significa nada hoy. Con la aceleración tecno-comunicativa el diálogo se verifica entre el individuo y la pantalla, el individuo y la máquina, y hay que respetar las reglas ineludibles de la máquina digital, que son las reglas de las finanzas. Ingresar en el mundo de la economía financiera significa entrar en una dimensión en la que las reglas están escritas en la máquina, y no se pueden discutir. La democracia está muerta porque la democracia es la posibilidad de discutir todo, principalmente las reglas. La prueba la hemos visto en Grecia, en todos los lugares. Con la democracia no se puede cambiar nada. La revuelta de los chalecos amarillos es la última demostración. ¿Con la democracia no podemos cambiar nada? Pues salgo a la calle y hago algo violento. No es fascismo, es locura, la sinrazón.

P. Una corriente de emotividad recorre como un escalofrío el cuerpo social y surgen sentimientos peligrosos: humillación, dignidad…

R. Los movimientos de renovación social, de propuestas de posibilidades nuevas, han sido cancelados por la voluntad europea y las finanzas internacionales. El sentimiento de humillación es más peligroso que el de empobrecimiento. El empobrecimiento produce ira, violencia, pero también deseo racional de ganar algo. La humillación produce deseos de venganza, incluso el de matarse a sí mismos, fíjese el carácter absurdo de lo que estamos hablando. El pueblo inglés que votó por el Brexit, ¿esperaba ganar algo? Creo que no. Lo único, reaccionar contra los que les habían humillado. Humillar a los humilladores. Igual en el conflicto de Cataluña y España. O en Estados Unidos. Trump es el máximo humillador. Humillador de humilladores.Este es el núcleo de la discusión política contemporánea. No es política, es psicopatía. Vivimos una condición que es psicopática. Las herramientas de la política no sirven, porque la venganza no atiende a razones. Es la paradoja en la que nos encontramos hoy.

P. Cuando todo es incierto y nos mueve el miedo, ¿surge el deseo punitivo, el populismo punitivo?

R. En Italia hay quien tiene obsesión es castigar la casta hasta el punto de que estamos dispuestos a perder nuestra condición democrática para castigar a los ladrones de la casta, de la elite. La identificación de la elite tiene un carácter esencialmente punitivo: Lo que ha pasado con los chalecos amarillos y Finkielkraut es antisemita, pero quién ha preparado todo esto. La razón liberal, democrática, ha producido una humillación, al identificar la razón con el algoritmo financiero.

P. ¿El sueño de la razón produce algoritmos financieros?
R. Sí. El sueño de Goya. Adorno y Horkheimer ya lo dijeron: si la razón progresiva no logra entender la oscuridad que lleva en sí misma está firmando su condena de muerte. Hablaban del nazismo, pero está ocurriendo ahora mismo, si miramos los movimientos en Estados Unidos, España, Londres o el mundo árabe.
P. ¿La falta de una alternativa no lleva a la inacción?

R. La única terapia que yo veo tras la oscuridad presente es la reactivación del cuerpo colectivo, del placer de encontrar el cuerpo del otro en la dimensión colectiva. Si miramos los movimientos en Estados Unidos, España, Londres o el mundo árabe, vemos que no eran movimientos políticos, sino de un movimiento de reactivación del erotismo de la sociedad, erotismo entendido como una dimensión del psiquismo que es la dimensión empática, la dimensión del placer del otro. La patología que estamos viviendo es de des-erotización de la relación social. Si puedo imaginar algo bueno para el futuro es la reducción de la velocidad y de reactivación del cuerpo erótico de la sociedad. Es la única forma de reactivar lo que un día llamamos democracia. Una terapia poética, estética y ética, porque cuando hablamos de ética no estamos hablando solo del bien y del mal, sino también del placer. No creo en la batalla política por la democracia, es como un círculo vicioso. Cuando hablo con los jóvenes alumnos de sufrimiento, de impotencia sexual, de la falta de placer sexual, de la falta de reconocimiento erótico, de la fragilidad psíquica, me escuchan y algo se mueve. Cuando hablo de política, no se produce ningún efecto.

P. El sexo que no habla

R. Hay muchísimo sexo, pero se ha perdido la capacidad de ser algo dialogante.

P. ¿Quién auguró mejor el futuro: Huxley, Ballard, Orwell o Philip K. Dick?

R. Philip K. Dick, sin duda. Orwell llegó muy lejos, pero Dick vio algo esencial, que el problema no era solo la pantalla como Orwell, el problema era la relación entre la máquina y el cerebro, la interconexión e interdependencia. El problema es cómo la pantalla se ha apoderado del cerebro, cómo la tecnología digital está modificando la cultura, pero también la actividad cognitiva, y a nivel más profundo, la estructura neurofísica misma del cerebro humano. La humanidad siempre se ha orientado con los sentidos, la vista, el olor… Hoy nos orientamos a través de un mapa telemático de un satélite. ¿Qué pasará dentro de dos o tres generaciones con la capacidad de mirar el panorama, detectar señales olfativas, auditivas, en el ambiente? Es la actividad cognitiva misma la que se está modificando y cuando se modifica la capacidad cognitiva, pasa a la física del cerebro. Tendremos un cerebro conectivo que funcionará a través de conexiones sintácticas que cancelarán la capacidad pragmática de redefinir el contexto.

Entrevista realizada por JOSEP MASSOT y publicada en EL PAÍS el 20 de Febrero de 2019

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Escuela de interpretación en Madrid

ENTREVISTA A TANYA BEYELER. EL CONDE DE TORREFIEL

Esta tarde se estrena en Los Teatros del Canal Guerrilla de El Conde Torrefiel. Me hubiese encantado poder tener un encuentro con Pablo Gisbert y Tania Beyeler, sus fundadores, pero la realidad manda y me fue de todas imposible. Ambos se encuentran en Barcelona, y Pablo solo vendrá a Madrid para el estreno y se volverá de nuevo rápidamente. Tanya está a punto de dar a luz, están esperando a su segundo hijo. Así que no hay otra opción, haremos la entrevista por teléfono. Cuando llamo a Tanya se encuentra en una cafetería, el ruido de los señores jugando al dominó no nos permite escucharnos con claridad, así que se pone los cascos y tema resuelto. Empezamos.

¿Tania, qué podremos ver los que vayamos a los Teatros del Canal desde hoy jueves hasta el sábado?

Guerrilla fue creada hace tres años y en ese momento nosotros estábamos en un momento bastante distinto de la vida. Lo que se verá en los Teatros del Canal es el final de un proceso de casi dos años que también se llamó Guerrilla, y del que salieron cuatro pequeñas guerrillas, que hicimos en diferentes lugares y en formatos muy distintos y no teatrales, que culminaron en dos piezas. Por un lado, La posibilidad que desaparece frente al paisaje, estrenada dentro del ciclo EL LUGAR SIN LÍMITES, organizado por el Teatro Pradillo en el CDN de Madrid en 2015. Y por otro lado esta Guerrilla –la final, que ahora llega a Madrid– que se estrenó en el KUNSTEN FESTIVAL DES ARTS de Bruselas en el 2016. Son dos piezas que tienen nada y mucho en común. Son el negativo y el positivo de una misma idea o concepto.

Para quien ha visto La posibilidad… verá que igual que esta (empieza con una conferencia) pero que aquella estaba llena de ausencias, o sea, eran todas escenas masivas donde no había personas sino simplemente una representación de ellas a través de los cuatro performers que estaban en escena. Ausencia de sonido, de música… era una obra muy silenciosa en la que había mucho texto para leer. En cambio, en esta Guerrilla, que era un poco la idea del proyecto, la guerra, la guerrilla está en las cabezas. La guerra ya no es física, de sangre y espada, si no una guerra mental.

Hoy, precisamente tres años después, cuando te enfrentas a la actualidad, a tus redes sociales, a la información, ves que la guerra está en las palabras, la guerra está en las cabezas. La gente ya no se pega si no se insulta. Se lanza palabras, se lanza bombas de palabras, de opiniones, no hay una confrontación real y mucho menos diría que intelectual –porque está perdiendo bastante en ese sentido– pero sí que es más virtual y menos física.

Por eso en las dos piezas podríamos decir que el mensaje no viene transmitido a través de un cuerpo real, de una voz real, sino a través de un texto proyectado. Una pantalla y un texto que se recibe solo a través de la lectura personal e intransferible de cada espectador.

De alguna manera este es el código al que nos tenéis acostumbrados.

Sí, es nuestra manera de trabajar, pero empezó a ser más radical, o más contundente, a partir de La posibilidad… y después ya en Guerrilla, que es toda leída. Hasta ese momento hacíamos un 50/50 entre palabra dicha y palabra leída.

Hemos leído de todo a cerca de vuestro trabajo, hemos visto como la critica alababa o repudiaba casi a partes iguales vuestras propuestas escénicas, no había un punto medio.

Bien, eso es positivo, ¿no?

Sí, claro, a mí me lo parece, es genial. Sobre todo me parece muy interesante que en tan poco tiempo –bueno, esto según como lo midamos, pero aún no tenéis diez años como compañía– habéis pasado de ser, podríamos decir, algo así como una especie de terroristas o outsiders de la escena, y estar programados (en nuestro país) en salas periféricas o alternativa a estar presentes en grandes teatros y museos. Hace cuatro o cinco años solo os podíamos ver en la capital en el Teatro Pradillo, donde no se acercaban a veros más de treinta personas. Eran los únicos que se atrevían a programaros.

Sí, puede ser. En Madrid las cosas han cambiado bastante en los últimos años, ha sido bastante exponencial el cambio. Pero no voy a negar que de alguna manera, aunque en España aún seguimos estando bastante poco presentes, por lo tanto un poco marginales, pero fuera ahora estamos dentro de un circuito mercantil de teatro contemporáneo muy evidente, no me las voy a dar aquí de punky del teatro cuando estamos en el mercado total. Los tipos de festivales y teatros a los que vamos son del circuito…

Elitista casi, podríamos decir…

Sí, elitistas de alguna manera, bueno esta es una palabra que tendríamos que coger con pinzas ya que según el país unos casos son más elitistas que otros, según el consumo cultural del ciudadano. No es lo mismo París que Málaga, o Brighton que Praga, o Roma o Matera.

¿Eso os ha cambiado a la hora de crear?

Desde nuestro punto de vista ahora mismo, lo vivimos como nuestro trabajo. Nuestra relación con nuestra obra no es un trabajo de 8 a 6 sino algo más exigente. Nosotros además vivimos juntos, somos pareja y tenemos que hacer una separación entre lo profesional y lo personal. Si bien hay mucho de personal, nuestra relación con nuestra obra es de trabajo y entra absolutamente en dinámicas de producción. Por supuesto tenemos unos límites y no nos vendemos a cualquiera, pero es nuestro trabajo. Si comemos, comemos de esto. Es ahí donde la relación con tu obra cambia. Que no quiere decir que cambie la obra, pero sí tu relación con ella. Por eso cuando empezamos hace nueve años nuestra relación era distinta, trabajábamos de una manera mucho más kamikaze, por supuesto, porque no teníamos nada que perder. Ahora, muy a nuestro pesar, es nuestro trabajo, seguimos intentado hacer lo que nos da la gana, pero la relación es mucho más pragmática, ya que hay agendas, hay números, hay contratos. Antes trabajábamos con nuestros amigos a cambio de nada, ahora a la gente le pagamos, nosotros cobramos. Todo esto hace de la actividad una actividad laboral, y este cambio de estructura te obliga a cambiar quieras o no. Podemos decir que cambia la forma pero esto no afecta al resultado de la obra. Cuando eres más joven y ves a los artistas que son tus referentes, los tienes idealizados, el artista y la obra, pero ellos están trabajando, y para estar en ese punto de visibilidad hay un trabajo detrás de organización, de producción, de elección y de tomas de decisiones contractuales. No es lo mismo cuando empezábamos y no teníamos nada a ahora que hay dinero. La gente a la que contratamos y nosotros mismos trabajamos de otra manera, claro, pero esta suma de las partes no afecta al resultado. Te acercas a tu obra en términos laborales y no en unos términos tan románticos.

Al principio, Pablo estuvo alguna vez en escena, pocas, tú en cambio sí aparecías más a menudo pero desde hace un tiempo son otros cuerpos los que vemos en vuestras producciones ¿Cómo es trabajar desde otros?

El Conde de Torrefiel nació como idea romántica al principio, como algo colectivo, que es una actitud muy juvenil y muy bonita, pero nos dimos muy pronto cuenta de que eso era muy complicado de llevar a cabo durante un tiempo largo, y entonces decidimos que a nivel estructural nosotros seríamos el núcleo decisivo, directivo, aunque no nos guste la idea de ser jefes ni de la autoría. No es algo con lo que nos sintamos cómodos. A la hora del proceso creativo de una pieza intentamos mantener esa idea de colectivo lo máximo posible, esa idea de horizontalidad. Obviamente llevamos la primera idea, el primer impulso, pero como creamos mucho desde la página en blanco, desde cero, el grupo con el que estemos trabajando es fundamental. Sus ideas, sus cuerpos, su manera de estar, lo que ellos aportan es lo que realmente genera el material que luego aparece en la pieza. Nuestra función es una función meramente artesanal: organizar la información y las formas, hacer la dramaturgia. Organizar y escoger aquellos materiales que durante todo el proceso de ensayos han ido apareciendo y que no son obra nuestra, sino obra de aquellos que participan. Por eso cada espectáculo tiene características muy particulares, ya que vienen dadas por los que participan en él. Porque sin esas personas ese espectáculo no hubiera salido así. Mantenemos la idea de colectividad en el proceso creativo, y las ultimas dos semanas es cuando Pablo y yo entramos en primer plano y organizamos el material resultante. Decidimos (transiciones, orden, duración) y metemos los textos de Pablo. Nunca trabajamos los textos al principio, solo al final, es el paquete final. Los textos muy a menudo vienen de todas las conversaciones que nacen en un proceso de creación, también cuando sales del ensayo y te tomas una cerveza, cuando Pablo y yo estamos en casa. Siempre los trabajamos de una manera muy actual, siempre vienen de estas conversaciones o temas que están pululando por nuestro entorno en ese momento.

Guerrilla se estrenó finalmente en mayo de 2016, después de más de dos años de trabajo y de dar muchas vueltas alrededor de la idea del bombardeo silencioso. Pero lo que fue muy determinante fue estar en París en noviembre de 2015 diez días después del atentado en Bataclán y estar trabajando con los participantes locales y sus historias. Esto determina y modifica esa idea de esta Europa que está en guerra y no lo sabe. Se pasó de una cosa más abstracta, la guerra en la cabeza, ese sufrir un cansancio de estar luchando no se sabe muy bien para qué ni para quién, a realmente algo concreto. A hay un enemigo aquí y no sabemos dónde está. Luego hemos sufrido más atentados a nivel europeo, Barcelona en agosto de 2017, por ejemplo, pero el enemigo ya no lo veo, se ha diluído su forma, toma otra. Pero siempre nace de la misma manera y viene a raíz del conflicto y de los mismos miedos, del no entendimiento entre personas.

Uno de los ejes fundamentales de Guerrilla es la dicotomía entre mundo interior y mundo exterior. La individualidad y la experiencia individual, cómo vive cada individuo  las cosas acorde a su bagaje (edad, cultura, vivencia, biografía) versus lo que es el cuerpo colectivo y la vivencia del cuerpo colectivo, que es el tiempo histórico, que eso no lo eliges tú. ¿Cómo se puede encontrar, si se puede, una armonía entre aquello que yo siento, necesito, pienso, con lo que me rodea? Imposible.

Por eso estamos como estamos.

Pero siempre ha sido así, yo creo. Esto lo tratamos en Guerrilla. Ha habido en siglo XX un momento de suspensión o de dislocación del conflicto. Después de una II Guerra Mundial, del principio del s. XX, que ha sido muy cruento, el shock que eso creó hizo que los países desarrollados, o como los quieras llamar, se organizaran de una manera un poco más altruista. Por supuesto, era todo mentira, pero los europeos creíamos que sí, que qué bien se vive ¿no? “Somos gente solidaria”, y todas esas cosas que luego no son verdad. El conflicto estaba desplazado y ahora se esta presentando de otra forma, está entre nosotros.

Me gustaría decir esto antes de terminar, porque alguna vez se nos ha echado en cara. Guerrilla es una pieza de teatro, y es una pieza para leer durante una hora y veinte, que no es lo mismo que escuchar durante una hora y veinte. La información está muy dosificada y planteada de una manera por supuesto efectista, utilizamos en algún sentido las armas del enemigo, y no se puede tratar todo en profundidad, sino que es una propuesta poética a raíz de un contexto actual, que tontea en algún momento con la biografía de alguno de los participantes y lo documental. Guerrilla satura, hay saturación de personas, de sonidos, de palabras.

¿Qué problemas o dificultades tiene a día de hoy el Conde de Torrefiel a la hora sacar adelante un nuevo proyecto?

En nuestro circuito, al ser una compañía española (y estoy segura de que es un problema generalizado en nuestro país para otras compañías) es muy difícil tener una estructura pero al mismo tiempo indispensable. Seguimos trabajando desde casa, no tenemos casi nadie, o nadie que trabaje para nosotros. En cambio en otros países las compañías tienen gente trabajando en el departamento de comunicación, de contabilidad, de producción. No hay estructura, somos nosotros y ya. Tenemos que ser empresa pero es casi imposible. Para acceder a una ayuda del INAEM tienes que ser empresa y no vale que seas asociación, lo cual me parece un escándalo porque yo no soy una empresa, a ver, lo somos, pero es una burrada económica, y necesitas unos conocimientos que tú no tienes, no eres un gestor administrativo. Como artista te tienes que hacer las facturas, el I.V.A, etc. Puedo chapotear en esos asuntos pero no tengo ni idea.

Esto no puede ser, es lo más urgente que hay que solucionar. ¿Cómo se pueden sacar trabajos excelentes a largo tiempo cuando no te puedes permitir que alguien para ti haga esos trabajos transversales y necesarios que tú no puedes abordar por falta de conocimientos? Creo que esta es la raíz del problema en España y esto termina dinamitando todo lo demás: la creatividad, el amor, la dedicación, la excelencia, el entrenamiento, el trabajo y claro, si tú haces cuatro espectáculos maravillosos todos pero se mueren a los diez bolos, te lo piensas, porque uno se hace mayor y tiene que comer.

Y para terminar una pregunta casi imposible de responder: ¿y todo esto para qué?

Yo me la hago cada día, ¿para qué? Porque no me abro una floristería y a tomar por el culo todo. ¿Para que vivir? también. No tengo la respuesta, pero es una gran pregunta y creo que hay que hacérsela todos los días aunque sea para dudar de todo aquello que hagas, es muy importante para relativizar tu trabajo. Porque no hay nada peor en el mundo del arte –en este plano de la ficción, de la substracción– que creerte mucho esto que haces, para mí no hay nada peor, no. Todo lo que hago son intentos de buscar ese para qué.

Por Chechu Zeta | 28 febrero 2019